Sobre el posible alcance crítico de las comedias burlescas del Siglo de Oro

He procurado mostrar en la serie de entradas anteriores cómo las comedias burlescas del Siglo de Oro presentan sobre las tablas a numerosos personajes nobles (emperadores, reyes, caballeros, damas…) completamente ridiculizados[1]. Para lograr ese universo grotesco y degradado —verdadero «mundo al revés» carnavalesco— los autores echan mano de todos los recursos expresivos y las distintas modalidades de la jocosidad disparatada: onomástica y tratamientos ridículos, comparaciones con personajes folclóricos, procesos de animalización y cosificación, mención de enfermedades, comida y bebida, juego, sexualidad primaria, necesidades fisiológicas y baja corporalidad… No olvidemos que las comedias burlescas se representaban en un contexto carnavalesco. En buena medida, esta comicidad degradatoria es verbal, aunque también se explota la comicidad escénica y de situación.

Comedias burlescas y teatro breve del Siglo de Oro

Todo esto tenía lugar a la vista de los reyes, nobles caballeros y damas, porque se representaban en un ámbito palaciego. ¿Qué alcance crítico podían tener estas obras? Es esta una cuestión sobre la que han apuntado interpretaciones diferentes Frédéric Serralta (quien ve en ellas piezas eminentemente festivas, sin mayor trascendencia) y Luciano García Lorenzo (serían a su juicio obras con alcance de crítica social). En mi opinión, el rey y sus nobles no se verían seguramente concernidos por lo que en estas comedias burlescas se decía y se representaba; ellos tenían las claves para captar posibles alusiones directas a un personaje determinado de la nobleza, o bien al estamento real y nobiliario. Si se tratase de piezas críticas, potencialmente peligrosas, sus representaciones habrían sido prohibidas inmediatamente. Recordemos que eran obras que no pasaban al corral, con lo que ese potencial alcance crítico quedaría bastante reducido: las comedias burlescas se representaban en unos días muy concretos, los de Carnestolendas o San Juan (marco carnavalesco en el que más o menos está permitido todo, pero, ojo, solamente por unos pocos días y sin salirnos de ese marco específico, el palaciego). Caso aparte sería el de La mayor hazaña de Carlos VI, obra de un judío, sátira despiadada de Carlos V y de su retiro en Yuste. En este caso, estamos ante una pieza publicada en los Países Bajos y seguramente nunca representada (por lo menos, no en territorios bajo dominio español)[2].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (y 3)

Son muy frecuentes en las comedias burlescas las alusiones explícitas a distintas prácticas sexuales[1]. De nuevo Angélica y Medoro[2] nos brinda un amplio muestrario de alusiones. No se trata aquí de delicados amores corteses propensos a refinadas galanterías; con estas palabras le explica Roldán a Medoro lo que piensa hacer con Angélica cuando la encuentre:

ROLDÁN.- Si yo la cogiera aquí,
por el siglo de mi madre
que en aquel zaquizamí,
aunque viniera su padre,
la enseñara a quis vel qui (vv. 106-110).

Y es que la dama se muestra por lo general esquiva con todos:

RUGERO.- ¡Que tanto noble francés,
que tanto gabacho honrado,
ya por la haz y el envés
acometerla ha intentado
y haya guardado el pavés! (vv. 141-145).

Aunque cuando ella quiere, sabe aparecer bien dispuesta al juego erótico:

ANGÉLICA.- ¡Oh moro peregrino!,
holgárame que fueras mi vecino
y que por los desvanes
me enseñaras a hacer tus ademanes (vv. 242-245).

ANGÉLICA.- … pero ya tengo a Medoro
que es de mi altar alfaquí,
valiente como un virote
y esforzado como un Cid (vv. 613-616).

Mujer

En fin, otros ejemplos que podríamos comentar son los de las princesas Pocris y Filis en Céfalo y Pocris[3], o el de otra princesa ridícula, la que encontramos en El desdén con el desdén[4] (vv. 2056 y ss.), que riega el perejil del jardín, poda los repollos, escarda y se dedica a otras tareas agrícolas[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[3] Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, ed. de Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata y M. Carmen Pinillos, Madrid, Espasa Calpe, 1999. Hay otra edición más reciente: Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, introducción de Enrica Cancelliere, ed. de Ignacio Arellano, New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2013.

[4] El desdén con el desdén, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, ed. de Alberto Rodríguez, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003. En adelante, abrevio El desdén.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (2)

Respecto a la pareja central de amantes de Angélica y Medoro[1], los encontramos equiparados con Hero y Leandro (comparación elegante, procedente del mundo clásico de la mitología), pero también, a renglón seguido, con personajes rufianescos como son Escarramán y la Pava (vv. 752-754)[2]. En la obra se parodian los tópicos de la descriptio puellae, quedando dinamitados los cánones de belleza tradicionales. Angélica sería nada menos que una mujer barbuda[3] (v. 1274, «mucha borra en esa barba»).

Mujer_barbuda_Ribera

Completamente paródico es este elogio que le dirige su enamorado galán, en el que no falta la metáfora gastronómica[4]:

MEDORO.- ¡Qué belleza tan rara!
Tu nariz es canuto de alquitara.
A amarte me dispongo,
que me pareces olla de mondongo (vv. 246-249).

Este otro es el retrato que de Angélica nos ofrece la celosa —y seguramente envidiosa— doña Alda, que encuentra en el uso de cosméticos las verdaderas razones de la belleza de la mora:

DOÑA ALDA.- Roldán enamorado
de Angélica la bella,
bella por badulaques
no por naturaleza,
mora barbada a copos,
sin colmillo ni muela,
pasada como higo,
ventosa como pera,
por quien los doce Pares
a la taba no juegan
y olvida don Gaiferos
a Melisendra presa (vv. 565-576).

Y pocos versos después añade que tiene el cabello lleno de liendres: «… que mis horrendos celos / te arrancarán guedejas / y con ellas las liendres / que tú presumes perlas» (vv. 583-586). Muy intensa es también la expresividad de este otro pasaje descriptivo de Medoro (en el que de nuevo la belleza femenina queda preterida frente a lo sustancioso de una buena pitanza):

MEDORO.- De Angélica la plata del cabello
y la arrugada calva de la frente,
los dos ojos que pueden ser de puente,
de su nariz pestífera el resuello,
el labio royo, el erizado cuello,
las manos de papel de estraza fino,
la jarifa cintura de rodezno,
la panza de furioso torbellino,
los halagos de hermoso viborezno,
aquella suavidad de tronco espino,
todo lo dejaré por un torrezno (vv. 716-726).

Diversos motivos de la descriptio femenina entran en este nuevo parlamento de Medoro:

MEDORO.- Antes que yo naciera te adoraba
y después de nacido no te quiero;
tus ojos, que de amor fueron aljaba,
a mí encararon el arpón primero;
no tanto Escarramán quiso a la Pava
ni al ahogado quiso tanto Hero
como te quiero yo, borracha mía,
con ser tan gorda, puerca, floja y fría.
A tus mejillas usurpó el aurora
para las rosas de asno los colores,
y dibujando aquesos labios Flora
echó a perder los campos y las flores;
mereces el tus tus, oh perra mora,
mejor que los lebreles cazadores,
y yo, como conozco que eres diestra,
me he vuelto, como tú, perro de muestra.
Temiendo estoy que de tus ojos bellos
Mahoma se enamore y, en mi daño,
águila de alquiler baje por ellos
como por Ganimedes bajó antaño.
Tú, a quien su pelo ofrecen los camellos,
y vistiendo albornoz desprecias paño,
préstame esas faldillas, que me hielo,
que ni tengo albornoz ni terciopelo (vv. 748-771).

En fin, el propio Emperador reconocerá que Angélica excede en hermosura a la «pintada harpía» (v. 1371), lo cual no es, en verdad, encarecer demasiado[5].


[1] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[2] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[3] No es personaje extraño en las comedias burlescas; baste recordar la Infanta Barbada de La ventura sin buscarla.

[4] La comparación de la belleza femenina con la comida es un motivo carnavalesco muy repetido en estas obras.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de las damas y el amor en las comedias burlescas (1)

Las mujeres nobles que aparecen en estas comedias burlescas del Siglo de Oro no se libran, en modo alguno, de la parodia y la caricatura[1]. Encontramos algunos tratamientos ridículos, como el neologismo conda ‘condesa’ (La más constante mujer[2], v. 332) o Reina del haba, que calca expresiones como tonto del haba, pero que además evoca burlescamente reina de Saba (El mariscal de Virón[3], v. 90). Con frecuencia se las trata de perras o perrengas, y sus caballeros —muy poco caballerosos, en realidad— no dudan en prestárselas unos a otros, jugárselas a los dados o a las cartas o, más sencillo todavía, cedérselas directamente a sus rivales para que las gocen.

Así pues, las damas linajudas sufren también esa visión completamente desmitificadora propia del género: de Angélica la bella afirma taxativamente Roldán que no es doncella (Angélica y Medoro[4], v. 104); es dama que, con sus ojos matadores, tiene rendidos a todos los caballeros cristianos; saeta y veneno de los hombres, a todos los hace cabrones (v. 1279); suele ir montada en un ridículo asno palafrén (vv. 136-138); enamorada de Medoro, no tiene reparo en lavarle los pañales y la ropa (cfr. los vv. 230-232 y 363; entronca así con la Juana lavandera del Manzanares cantada en las Rimas de Tomé de Burguillos de Lope); es una pidona (vv. 251 y 669), que invita a Medoro a su choza (vv. 256 y ss.), y se sugiere que de esos tratos el galán tendrá que ir a recuperarse a la Capacha, al hospital de los sifilíticos (v. 261); y también bebe: «unos tragos aquí sin escudilla / Angélica sorbió junto a ese copo» (vv. 791-792).

La duquesa fea, de Quentin Massys

Por lo que toca a doña Alda, podemos recordar el grotesco autorretrato con que se presenta ante el Emperador:

DOÑA ALDA.- … yo, la más flaca mujer
que trae carne sobre hueso,
la estantigua de las doñas
y la tilde de los hembros,
ante tus zapatos rotos,
rota también me presento,
que los rotos y las rotas
suelen rodar por el suelo (vv. 1065-1072).

Es dama que sufre los dolores de dos sabañones que tiene (v. 1130) y que anda de continuo sin dinero; así, el Emperador le recomienda: «Vender la toca y no seguirla puedes / porque sé que tienes poca mosca / ni alcanzas un bodigo ni una rosca» (vv. 1152-1154). Para su propio marido es «hermosa como un salvaje» (v. 282)[5].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición en preparación de Alberto Rodríguez Rípodas.

[3] Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011. En adelante, abrevio Mariscal.

[4] Anónimo, Angélica y Medoro, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo II, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2001.

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de la etiqueta palaciega y el ceremonial cortesano en las comedias burlescas (y 3)

Estos reyes ridículos de las comedias burlescas no pueden menos de conceder cargos o dar nombramientos ridículos[1]: el Emperador da a un cortesano el cargo de Veedor de los cedaceros (El castigo en la arrogancia[2], v. 103) o de camarero de sus toros (Castigo, v. 527); Alejando Magno nombra a Apeles, no pintor de cámara, sino su «pintamonas» (Darlo todo y no dar nada[3], vv. 379-380); en El rey don Alfonso, el de la mano horadada[4] tenemos un largo pasaje (vv. 290-336) en el que el rey Almanzor va concediendo varios cargos a su invitado cristiano (Conde de Alcorcón, Marqués de Caramanchel, Duque de Hortaleza, Almirante, Chanciller Mayor), ante la sorpresa de sus consejeros Celimo y Tarfe, y don Alfonso califica esos nombramientos como «nefandas mercedes» (v. 315):

REY.- ¡Oh, Alfonso, noble infanzón!,
buena sea vuestra llegada.
¿Habéis hecho colación?

ALFONSO.- Verte es cena muy sobrada.

REY.- Alzaos Conde de Alcorcón.

ALFONSO.- Tu Majestad no consienta
que yo intente tal desorden.

REY.- Aparte. Con esto lavo mi afrenta:
esto es por ponerlo en orden.

CELIMO.- ¿Mas que le quiere dar renta?

REY.- Don Alfonso, levantaos
Marqués de Caramanchel.

ALFONSO.- Yo estoy bien, señor.

REY.- Alzaos,
que los que artillan las naos
no hacen fruta de sartén.

ALFONSO.- No he de alzarme si Su Alteza
no lo mira de otro modo.

REY.- Alzaos Duque de Hortaleza.

CELIMO.- Él se lo vendrá a dar todo.

TARFE.- Es terrible cuando empieza.

ALFONSO.- Cuanto más mi ser levantas
sobre mis humildes hombros,
más arrugados que llantas
y más tiernos que cohombros,
vas, señor, echando mantas.
Con tan nefandas mercedes
me tienes a tu servicio,
cautivo y preso entre redes.

CELIMO.- O el rey no está en su juïcio,
o sabes lo que pretendes.
Alcaide, vele a la mano,
que es el rey un manirroto
y este Alfonso es un tirano.

TARFE.- Celimo, tengo hecho voto
de no ayunar en verano.

REY.- ¿No os levantáis?

ALFONSO.- Gran señor,
no mandes pase adelante
tan excesivo favor.

REY.- Pues levantaos Almirante
y mi Chanciller Mayor.

CELIMO.- Ya escampa; mejor le lleve
un ángel de patas negras;
¿has visto a lo qué se atreve?
¡Quién tuviera aquí mil suegras
para enterrarlas en nieve!

ALFONSO.- Pues tanto mi ser abonas,
quiero hacer lo que me mandas (vv. 290-336).

También podemos mencionar algunos casos de embajadas ridículas: a la ya mencionada de Alazán en Castigo, añádase la presencia de dos embajadores completamente ridículos[5] en El desdén con el desdén[6]: «Salen cada uno por su lado, los dos embajadores con coletos, botas, espuelas y alforjas al hombro» (v. 1437 acot.).

Personajes ridículos

En fin, en algunas de estas comedias burlescas se alude a las pretensiones de los cortesanos; podemos recordar lo señalado sobre los «ducientos pretendientes» en Mayor hazaña, donde también se habla de «un figura / muy preciado de noble y de valiente» (vv. 1339-1340); encontramos asimismo referencias a «caballeros mojarrillas» (El cerco de Tagarete[7], v. 367); a «un caballero / que es pastelero en Ocaña» (Castigo, vv. 53-54); a la cabaña de nobles (Constante, v. 63); a «morir de cortesano» (Mariscal, v. 1258), etc.[8]


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] El castigo en la arrogancia, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, ed. de Alberto Rodríguez, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003. En adelante, abrevio Castigo.

[3] Pedro Lanini, Darlo todo y no dar nada, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, ed. de Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata y M. Carmen Pinillos, Madrid, Espasa Calpe, 1999.

[4] Anónimo, El rey don Alfonso, el de la mano horadada, ed. de Carlos Mata, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 1998.

[5] Encontramos la parodia de un Gobernador en Escarramán, vv. 203 y ss., 336-341, etc. Ridículo es todo el inicio de la Jornada III, en relación con el tema de la honra, cuando este Gobernador deja a su hermana encerrada en un círculo de almagre.

[6] El desdén con el desdén, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, ed. de Alberto Rodríguez, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003. En adelante, abrevio El desdén.

[7] El cerco de Tagarete, ed. de Juan Manuel Escudero y Celsa Carmen García Valdés, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo III, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2002.

[8] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de la etiqueta palaciega y el ceremonial cortesano en las comedias burlescas (2)

CuernosEl deseo de larga vida al rey está parodiado también en las comedias burlescas del Siglo de Oro[1]. Es tópico en las piezas serias, espe­cialmente cuando al final los reyes intervienen arreglando todos los asuntos pendien­tes, que los demás personajes les deseen larga vida con expresiones hiperbólicas[2]. Aquí la parodia suele estar en los términos de comparación elegidos: «Vivas, señor, más que un ciervo / y se te cuenten los años / como a él» (Darlo todo y no dar nada[3], vv. 381-383; a los ciervos se les calcula la edad por el número de puntas de los cuernos); «viva el rey, viva la sota / y su padre el pericón» (La mayor hazaña de Carlos VI[4], vv. 1413-1414); «Vivas más que una becerra» (El rey don Alfonso, el de la mano horadada[5], v. 1731); o en la hiperbólica exageración que leemos en la misma obra: «Vivas seiscien­tos mil años» (el correo al rey Alfonso, v. 1744). También se parodia el ceremonial cortesano de besar las manos o las plantas (Mayor hazaña, v. 1814), que a veces da lugar a chistes fáciles, como en Céfalo y Pocris[6]:

CAPITÁN.- Dame tu mano a besar.

REY.- Toma, como me la vuelvas,
porque esta es con la que como (vv. 866-868).

Y en El comendador de Ocaña[7] asistimos a este diálogo:

PERIBÁÑEZ.- Aunque sea cosa absurda,
vuestra mano he de besar.

COMENDADOR.- Sí, ¿mas cuál os he de dar,
la derecha o la zurda? (vv. 73-76)

Para inmortalizar al Rey, no se inscribirán sus hazañas en mármoles o bronces, sino que su nombre quedará escrito en pez, material ridículo y bien poco duradero (La mayor hazaña de Carlos VI, v. 2124). En esa misma obra encontramos un gracioso caso de audiencia ridícula (el Rey se muestra enfadado por tener que recibir a tanto pretendiente):

GRANDE.- De ahí podemos sacar
consecuencia buena y sola
de que no escurran la bola
y vengan aquí a rodar,
y así, entretanto que tardan,
pues no les da tu prudencia
otra cosa, dar audiencia
puede a muchos que le aguardan
y despacharlos.

REY.- Rigores
procuráis en que me empache;
¿faltará quien los despache?,
¿no hay en la tierra doctores?

GRANDE.- Por divertir a lo menos
tus penas puedes entrar.

REY.- Yo no olvido mi pesar.
Con los pesares ajenos,
cansados y extraños modos
solicitáis a mi afán,
¡oh, reyes de Montalbán,
que habéis de ser para todos!
¡Vasallos impertinentes!
Vamos, bien podéis entrar,
pues me queréis condenar
a ducientos pretendientes (vv. 1645-1668)[8].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Como «Vivas mil años», «Vivas por siglos eternos» (por ejemplo, Guillén de Castro, Las mocedades del Cid, I, v. 2873: «Tú, Señor, mil años vivas»; Las mocedades del Cid, II, p. 214b: «Mil años te guarde el cielo»).

[3] Pedro Lanini, Darlo todo y no dar nada, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, ed. de Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata y M. Carmen Pinillos, Madrid, Espasa Calpe, 1999.

[4] Cito por la edición en preparación de Carlos Mata Induráin.

[5] Anónimo, El rey don Alfonso, el de la mano horadada, ed. de Carlos Mata, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 1998.

[6] Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, ed. de Ignacio Arellano, Celsa Carmen García Valdés, Carlos Mata y M. Carmen Pinillos, Madrid, Espasa Calpe, 1999. Hay otra edición más reciente: Pedro Calderón de la Barca, Céfalo y Pocris, introducción de Enrica Cancelliere, ed. de Ignacio Arellano, New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2013.

[7] Anónimo, El comendador de Ocaña, en Dos comedias burlescas del Siglo de Oro: El Comendador de Ocaña. El hermano de su hermana, ed. de Ignacio Arellano y Carlos Mata, Kassel, Reichenberger, 2000.

[8] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.

La parodia de la etiqueta palaciega y el ceremonial cortesano en las comedias burlescas (1)

En estas piezas encontramos parodiadas diversas ceremonias o costumbres que tienen que ver con la vida y la cortesanía palaciega[1]. Por ejemplo, el besamanos, las manifestaciones de deseo de larga vida al rey (aquí completamente risibles), nombramientos y cargos ridículos, chistes con algunos títulos o tratamientos, etc.

Pares

Empezando por los tratamientos, especialmente repetidos son los chistes —muy fáciles, por otra parte— que juegan con los distintos significados de las palabras Par y Grande. En Grande funciona la dilogía ‘título de la alta nobleza española’ y ‘de gran tamaño’; en Par o su plural Pares funcionan hasta tres significados simultáneamente ‘paladín de Francia’, ‘lo contrario de impar’ y ‘placenta’. El juego dilógico grande / Grande lo encontramos por ejemplo en El Mariscal de Virón[2], donde dice el Rey al protagonista:

REY.- Pues porque en estos confines
siempre Vuecelencia mande,
hacerle quiero más Grande:
traed luego unos chapines (vv. 492-495).

El mismo chiste (el chapín hace Grande a un personaje) se repite en El castigo en la arrogancia[3], cuando Carlomagno indica a Malgesí:

EMPERADOR.- Grande entre grandes te haré.

BRETÓN.- Eso mismo hace un chapín (vv. 133-134).

Un juego más sencillo con Grandes / pequeños lo encontramos en La mayor hazaña de Carlos VI[4], cuando señala el Grande 1:

Que digan será rigor
que andáis, con inquieta llama,
pájaro, de rama en rama,
abeja, de flor en flor,
buscando nuevos empeños
así en Roma como en Flandes,
y esto lo dicen los Grandes
y lo dirán los pequeños (vv. 619-626).

En esta obra, el chiste figura ya desde el reparto, donde se lee que intervienen «Dos Grandes… de cuerpo». La primera Jornada acaba con estas palabras del Rey, dirigidas a sus palaciegos: «Vamos, Grandes… mentecatos» (v. 670). Y hacia el final de la obra de nuevo el mismo chiste, basado en la pausa intencionada —en este caso paréntesis— tras la palabra Grandes:

REY.- Los Grandes (quiero decir
pecados míos) consejo
me dieron, viéndome viejo… (vv. 2075-2077).

Al comienzo de Los Condes de Carrión[5] leemos:

SUERO.- Tratad de tomar estado,
pues ya sois grandes, sobrinos.

DIEGO.- Es merced que nos hacéis
y por eso nos cubrimos (vv. 1-4).

Por lo que toca al tratamiento de Par, observamos la dilogía en Mariscal, v. 528, cuando un Criado dice: «Él está jugando al toro / con Lafín, que es bravo Par»; y en Mayor hazaña, vv. 1355-1358: «Las que sobran o faltan son tan buenas / cuanto va de lo vivo a lo pintado. / Si a las que he referido las juntares / en Palacio tendrás los doce Pares» (se refiere a las veinticuatro mujeres candidatas a casarse con el Rey, o sea, dos docenas, doce pares de mujeres). También se habla de Pares o tripas de Francia en Castigo:

ALAZÁN.- Emperador Carlomagno,
de Francia pares o tripas,
de quien los potrosos vien
y en viendo los gatos mían;
morciégalos con antojos
que en oscureciendo el día,
salís a caza de pollos
como alguaciles de villa.
¡Qué valientes podéis ser
con tan disformes barrigas
más llenas que unos toneles!
¡Guay de los pobres gallinas! (vv. 182-193)

Y más adelante el mismo personaje añade:

ALAZÁN.- Muy poco importa que salgan
al campo en su compañía
más Pares que hayan echado
cien gallegas de las tripas (vv. 240-243)[6].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011. En adelante, abrevio Mariscal.

[3] El castigo en la arrogancia, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, ed. de Alberto Rodríguez, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003. En adelante, abrevio Castigo.

[4] Cito por la edición en preparación de Carlos Mata Induráin.

[5] Los condes de Carrión, ed. de Carlos F. Cabanillas Cárdenas, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo V, ed. del GRISO dirigida por Ignacio Arellano, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004.

[6] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «El “noble al revés”: el anti-modelo del poderoso en la comedia burlesca del Siglo de Oro», Literatura. Teoría, Historia, Crítica (Bogotá, Colombia), 6, 2004, pp. 149-182; y «Reyes de la risa en la comedia burlesca del Siglo de Oro», en Luciano García Lorenzo (ed.), El teatro clásico español a través de sus monarcas, Madrid, Fundamentos, 2006, pp. 295-320. Entre la bibliografía más reciente destaco el trabajo de Ignacio Arellano, «La degradación de las figuras del poder en la comedia burlesca», Bulletin of the Comediantes, 65:2, 2013, pp. 1-19.