Dos evocaciones de Garcilaso por Rafael Alberti

(A mis alumnos del Programa Senior de la Universidad de Navarra,
con los que estoy repasando estas semanas algunas «Claves de la
literatura del Renacimiento», empezando por la poesía del príncipe
de los poetas castellanos, Garcilaso de la Vega)

Supuesto retrato de Garcilaso de la VegaLa figura señera de Garcilaso de la Vega, genial introductor en España de los metros y las formas estróficas de origen italiano —tarea en la que estuvo acompañado, aunque con algo menos de talento, por su amigo Juan Boscán—, fue recordada en numerosas ocasiones por los poetas del grupo poético del 27, quienes no solo admiraron su poesía, sino que conocieron su benéfico influjo, y tuvieron ocasión de celebrar, a la altura de 1936, el centenario de la muerte del soldado-poeta[1]. Rafael Alberti, en concreto, le dedicó dos evocaciones: la primera es el famoso poema que comienza «Si Garcilaso volviera…», incluido en Marinero en tierra (1924); la segunda es un texto menos conocido, la «Elegía a Garcilaso (Luna, 1501-1536)», de Sermones y moradas (1929-1930). El primero de los poemas dice así:

Si Garcilaso volviera,
yo sería su escudero;
que buen caballero era.

Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero;
que buen caballero era.

¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
que buen caballero era[2].

Como bien anota su editora, María Asunción Mateo,

La admiración —patente en toda su obra— hacia el poeta toledano le inspira esta canción, en la que rinde vasallaje poético a su figura y su obra. La mar, la vocación marinera, queda relegada —excepcionalmente— a un segundo plano, por seguir a la poesía, representada por el caballero Garcilaso.

Juan Ramón Jiménez elogió mucho este poema al propio Alberti[3].

Por otra parte, en Sermones y moradas (1929-1930) incluye Alberti el citado poema «Elegía a Garcilaso (Luna, 1501-1536)», que va encabezado por un verso garcilasista a modo de lema: «… antes de tiempo y casi en flor cortada». Se trata de un verso de la octava 29 de la Égloga III de Garcilaso, donde hace referencia a la muerte de una ninfa:

Todas, con el cabello desparcido,
lloraban una ninfa delicada
cuya vida mostraba que había sido
antes de tiempo y casi en flor cortada.
Cerca del agua, en un lugar florido,
estaba entre las hierbas degollada,
cual queda el blanco cisne cuando pierde
la dulce vida entre la hierba verde[4].

Rafael AlbertiPero aquí el sentido de ese verso se actualiza al aplicarse ahora —así lo entendemos al leer el contenido del poema— a la temprana muerte del poeta, fallecido como consecuencia de las heridas recibidas en una heroica acción de armas (el asalto a la fortaleza de Le Muy, en Francia, en septiembre de 1636, en el contexto de las guerras del emperador Carlos V con Francisco I de Francia). La muerte temprana, viene a sugerir poéticamente el texto («Vivir poco y llorando es el sino de la nieve que equivoca su ruta»), es el destino reservado a los héroes, que abandonan pronto esta existencia mortal, pero que en compensación están llamados a vivir la inmortalidad de la fama:

… antes de tiempo y casi en flor cortada.
Garcilaso de la Vega

Hubierais visto llorar sangre a las yedras cuando el agua más triste se pasó toda una noche velando a un yelmo ya sin alma,
a un yelmo moribundo sobre una rosa nacida en el vaho que duerme los espejos de los castillos
a esa hora en que los nardos más secos se acuerdan de su vida
al ver que las violetas difuntas abandonan sus cajas y los laúdes se ahogan por arrollarse a sí mismos.

Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas.
Yo no sé lo que mira en las almenas esa inmóvil armadura vacía.
¿Cómo hay luces que decretan tan pronto la agonía de las espadas
si piensan en que un lirio es vigilado por hojas que duran mucho más tiempo?
Vivir poco y llorando es el sino de la nieve que equivoca su ruta.

En el Sur siempre es cortada casi en flor el ave fría[5].


[1] Ver Francisco Javier Díez de Revenga, Un pasado, un presente: el Siglo de Oro español en nuestros contemporáneos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003. En el capítulo segundo, «Garcilaso de la Vega y la poesía contemporánea», comenta la presencia de Garcilaso en Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Miguel Hernández, Rafael Alberti, etc.

[2] Cito por Rafael Alberti, Antología comentada (Poesía), ed. de María Asunción Mateo, dibujos de Rafael Alberti, Madrid, Ediciones de la Torre, 1990, p. 184. El poema puede escucharse, recitado por el propio Alberti, en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=M5-MoREx3yI

[3] Antología comentada (Poesía), cit., p. 184, nota.

[4] Cito por Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, ed. de Elias L. Rivers, 6.ª ed, Madrid, Castalia, 1989, p. 202, con algún ligero retoque en la puntuación.

[5] Cito por Rafael Alberti, Con la luz primera. Antología de verso y prosa (Obra de 1920 a 1996), ed. de María Asunción Mateo, Madrid, EDAF, 2002, p. 202.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: el amor

No es Jorge Guillén poeta que haya cultivado con especial asiduidad los temas amorosos (no me refiero aquí, claro está, al amor a la vida o a la naturaleza, presente en toda su obra). La suya, lo sabemos, es poesía gozosa, poesía jubilosa, y en este sentido el sentimiento del amor es otra faceta dentro de ese tono de exaltación vital del poeta: amar es la manera de «Ser más»; son varios los poemas de Cántico en que esto se puede observar; lo que no encontraremos será poemas de temática sentimental: ni descripción de la amada, ni análisis psicológicos del sentimiento (celos, nostalgia, etc.). En definitiva, el hecho de que la poesía guilleniana no sea eminentemente sentimental no impide que algunos de sus poemas respondan a un contenido amoroso. Es más, Guillén puede en ocasiones llegar a ser poeta sensual, como ha señalado Aranguren[1]. Veamos qué sucede en esta parte de Final.

En la primera sección hallamos tres poemas que responden claramente a un tema amoroso; son los titulados «La fuerza del pensamiento», «Con Hafiz» y «Francisca Sánchez». Aun así, en ninguno de ellos percibimos la presencia de un yo lírico que se dirija a un y que cante su amor. El primero viene a ser una breve exposición «teórica», una definición o caracterización del amor platónico, reinterpretado por Petrarca (tanto la cita del Trionfo d’Amore como el propio título del poema y su primer verso, «Se querían a distancia», nos ponen ya en la pista del contenido). La esencia de este tipo de amor neoplatónico —de secular tradición literaria— queda recogido en estos cuatro versos: «Una mujer entrevista / Con tanta hermosura ignota / Se convierte en ideal / De un amor que no se agota».

«Con Hafiz», colocado inmediatamente después, nos introduce en el terreno de la lírica amorosa árabe que, aunque tiene puntos de contacto con el amor cortés y trovadoresco, es una poesía mucho más sensual; en el poema eso se refleja en la selección del vocabulario: vergel, florido, rosas, alba, antorcha, seducía… Al mismo tiempo, se introduce el tópico poético de la fugacidad de la rosa, símbolo por excelencia de la belleza juvenil y del amor apasionado: «“Nos es infiel la rosa en su sonrisa.”».

Rosa

En «Francisca Sánchez» (evocación de la amada española de Rubén Darío) se pinta a la mujer salvadora, no al modo romántico, sino de una forma más sencilla: «… En un profundo sentimiento humilde / Fraterno con acento a lo cristiano»; se trata de la mujer como compañera en el desconsuelo —desvalimiento, naufragio, desconcierto— de la persona amada: «Este muy fiel amor será su amparo».

En la segunda sección, «Otras variaciones», podemos considerar tres poemas que presentan claramente el amor como tema central: «Pervigilium Veneris», «Poliziano» y «Ronsard. Les amours». El primero es una exhortación —teñida con tintes clásicos; consúltese el artículo de Alvar[2]— a gozar del amor que se resume en los dos versos repetidos como estribillo: «Ame mañana quien no ha amado nunca, / Y quien ya ha amado ame aún mañana». Por un lado, enlaza con el último poema de la anterior sección, «Primavera sin rito»; por otro, se relaciona con el poema cuarto, que es una variación del más famoso de los Sonetos para Helena de Pierre de Ronsard («Quand vous serez bien vieille, au soir, à la chandelle…»), otra invitación a gozar del amor en la juventud antes de que el paso del tiempo marchite la belleza juvenil y ya sea demasiado tarde: «Vivid, hacedme caso, no esperéis a mañana, / Y desde hoy coged las rosas de la vida» (tópico literario del «Collige, uirgo, rosas» repetido innumerables veces desde Ausonio).

En «Poliziano» sí que encontramos una descriptio puellae, y es así porque lo que hace aquí Guillén es citar el texto original italiano, ofrecer una traducción más o menos ceñida a ese original y, en fin, darnos su particular variación del texto.

Ya en la tercera sección, solamente he podido encontrar un poema en el que está presente, de algún modo, la temática amorosa: es el dedicado a la poetisa «María Victoria Atencia», que se puede relacionar con «Francisca Sánchez» por ofrecer la misma imagen de la mujer como salvación:

Suena la voz de la mujer que ayuda,
Nos ayuda y anima,
generosa
Con la serenidad que es una gracia
Tan próxima y ausente, recatándose
Desde un centro radioso de hermosura.

Rendición al encanto femenino.

Como conclusión de todas estas entradas dedicadas a Jorge Guillén, puede señalarse que, de la misma forma que Final constituye una buena síntesis de Aire Nuestro, «En tiempo fechado» es, desde el punto de vista temático, un buen compendio de Final, ya que recoge los principales temas guillenianos, estén tratados con mayor o menor profundidad. Y es que, como acertadamente nos recuerda Gómez Yebra, «Guillén fue Guillén hasta el último de sus poemas»[3].


[1] Ver sus palabras en José Luis Aranguren, «La poesía de Jorge Guillén ante la actual crisis de los valores», en Biruté Ciplijauskaité (ed.), Jorge Guillén, Madrid, Taurus, 1975, p. 259.

[2] Manuel Alvar, «Pervigilium Veneris», Boletín de la Real Academia Española, LXIV, 1984, 59-69.

[3] Antonio Gómez Yebra, «El último Guillén. Hacia una segunda edición de Final», Anales de Literatura Española de la Universidad de Alicante, 5, 1986-1987, p. 172. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la identidad personal

El tema de la identidad tiene cierta importancia en la primera sección; tal vez convendría recordar que uno de los valores propugnados por Guillén había sido el de la autenticidad. En el poema «Una pregunta», la voz lírica, la de la princesa Juana, regente del trono en ausencia de su hermano Felipe, se pregunta: «¿Quién soy?» y «¿De veras seré yo mis apariencias?», preguntas que anuncian ya este tema. El tema de la identidad, de la no identidad mejor, continúa en el poema «El burlador», ya que se afirma que pese a —o precisamente por— sus astucias, sus engaños, sus burlas y su cinismo, él mismo es consciente de que «Toda su vida es mentira». No debemos olvidar que el mito de don Juan es uno de los que más interpretaciones y versiones han tenido a lo largo de la historia de la literatura universal, habiéndose discutido ad nauseam la identidad y el carácter de este personaje de ficción. De hecho, en la tercera sección hay otro poema, «Gallardo y calavera», en el que Guillén retomará el tema de don Juan, citando las versiones de Tirso, lord Byron y Zorrilla; estos últimos son donjuanes «sin prestancia antigua» y culpables «de tanta superficie»: en el fondo, falta de identidad, de autenticidad.

Don Juan

Volvamos a la primera sección. En «Don Álvaro o “la ausencia de sino”» el tema de la identidad o falta de identidad está sugerido desde el título, que modifica el de la obra del duque de Rivas, Don Álvaro o la fuerza del sino. En el poema de Guillén leemos: «Nació en alguna parte. No es de ninguna parte. / En tierra no arraigado. Ninguna identidad». Coincide plenamente con el personaje de don Juan en, al menos, estos dos rasgos: la falta de autenticidad y la no paternidad; este segundo rasgo no se menciona en los dos poemas referidos a don Juan, sí en este de don Álvaro: «A gusto en superficies. Hondo jamás. No es padre».

Otro poema que trata el tema de la identidad es «Soy y no soy», perteneciente a la tercera sección. El título, claro está, hace referencia a las archiconocidas palabras del shakespeariano príncipe de Dinamarca, «to be or not to be», modificadas ligeramente aquí por Guillén al sustituir la conjunción disyuntiva por la copulativa, «to be and not to be». El caos personal surge de ese ser y no ser a un mismo tiempo:

Se busca y no se encuentra.
¿Quién es? Jamás lo sabe.
Direcciones contrarias
Le conducen a un caos,
El caos de sí mismo,
Un tormento infernal
Le exige destrucciones,
El flujo de los odios,
Ser y No Ser, atroz destino.

Y no alcanza jamás el Ser, fecundo.

Por último, es interesante el poema en el que el autor reflexiona de algún modo sobre su propia identidad personal partiendo del análisis del significado de su nombre: el poema «Un nombre» comienza con una autocita de un poema suyo titulado «Geórgica personal», perteneciente a Homenaje[1], en el que identifica su nombre, Jorge, con el étimo griego geo, ‘tierra’. En este de Final dice: «Mi nombre es una vía ya terrestre / Que sólo enfoca mi destino humano»; y añade: «Que no es fatalidad perturbadora / Sino humildad, conciencia de mis límites». El poeta es consciente de que es tierra y de que en tierra se ha de convertir (parafraseando la frase del Miércoles de ceniza). El hombre muere y vuelve a la tierra cuando es enterrado; Guillén lo asume sin preocupación: «Heme aquí, mientras vivo en este globo, / Entre amor y terror yo soy terrestre». Hay otros poemas de «En tiempo fechado» en los que encontramos afirmaciones semejantes; el primer verso de «La tierra y el hombre» decía: «Hombre y Tierra. Los hombres son de tierra»; y en el poema «Vicente Aleixandre» se insistía también en la misma idea: «Ah, no se pierda jamás el incesante / Contacto con la tierra. / Así prolongaremos nuestros seres. / “Hechos ya tierra viva.”»[2].


[1] «En Colombia muchos Jorges / Encuentro por todas partes / Y me digo: no te forjes / Ninguna ilusión. Descartes / Frente a los ojos me pinta / La idea clara y distinta. / ¿Jorge es un nombre más feo / Que Georges o Giorgio? La tierra / Con sus prodigios nos cierra / La boca. (Jorge, de «geo»…)». Esta «Geórgica personal» pertenece a la tercera sección de la segunda parte, «Atenciones». Guillén juega con su nombre en el poema «J. G. (1893-19  )», situado al principio de «Fin», la sexta parte de Homenaje, donde leemos: «Jorge Guillén, castellano, / George William en inglés, / Da con el nombre la mano, / Y así ya dice quién es: / Varón sin truco ni treta, / Giorgio Guglielmo, poeta».

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la preocupación ética (y 2)

En la entrada anterior habíamos examinado lo relacionado con la ética individual. Es en la tercera sección donde aparecen los poemas de contenido social o político. Seré más breve: «La buena doctrina» afirma que el segundo pecado, después del homicidio, es «La soberbia del yo», la egolatría, el narcisismo, el excesivo individualismo. Vuelve a rechazar Guillén las dictaduras, los regímenes totalitarios que uniformizan todos los pensamientos («Agencia de viajes»); crítica el comportamiento incivilizado de parte de la juventud actual como expresión o reflejo de un mundo desorientado, sin valores, en estas últimas décadas del siglo, y se pregunta: «¿Qué saldrá de este caos nuclear?» («Casi metamorfosis»). Plantea los problemas de incomunicación en la sociedad actual («La incomunicación»), pero dejando ya paso en este poema a la esperanza, como es habitual en Guillén: «Bípedos parlanchines, no perdamos / La fe. No somos todos delincuentes. / Vosotros los humanos, sois capaces / De más, de Mucho Más».

«Guerra total» introduce otro aspecto distinto de los supuestos negativos: la intolerancia racial y religiosa, ejemplificada en este caso con un suceso histórico: el de la no posible convivencia de cristianos y moriscos una vez finalizada la Reconquista española. Es muy posible que exista también una afirmación velada de que las cosas seguían igual de mal todavía en la España franquista, por las referencias a «Movimiento en quietud» y «Los principios eternos». El título «Caza mayor» supone la base de una metáfora: la guerra es una cacería en la que el prójimo es la gran presa; y la culminación de todos los horrores de la guerra es el bombardeo de ciudades: «Crimen total, sobre ciudades bombas, / Suma culminación. ¡Oh Siglo Veinte!» (por desgracia, la protesta de Guillén sigue teniendo actualidad hoy día). Este tono imprecatorio con que acaba el poema, de reproche contra el siglo XX, se repite con cierta frecuencia en su poesía. Tampoco aquí parece haber puerta abierta para la esperanza.

Ciudad bombardeada (Londres)

Otro aspecto negativo de nuestro siglo XX lo constituyen «Los tiranos», que es el título de otro poema. Después de clasificarlos en tres tipos: «El loco, el perverso, el vulgar», clama de nuevo el poeta contra nuestra centuria: «¡Cuantos asesinados! Siglo XX. / Maravillosa técnica científica». Es otro poema en el que, de nuevo, no se deja paso a la esperanza; las palabras finales del poema son claras: «(Fin de lectura: el horror —No, no, por Dios, el vómito.)».

«Lo pésimo» introduce los temas del exterminio judío («Lo peor: aquel Auschwitz. El horror se razona») y de la guerra civil española («La guerra que es cruzada. Son cómplices los dioses»). «Arte del terror» enlaza con los poemas que denuncian una posible nueva guerra mundial. En «¿Fin del mundo?» el poeta responde negativamente a la pregunta del título: «Me resisto a creer en tal locura», aunque la «Historia de la Bestia Humana» haya sido toda un cúmulo de guerras y violencias, de «Terror y destrucción total». Lo único que se puede oponer a tal absurdo es «La esperanza, sustancia del viviente»:

Larga marcha nocturna hacia la aurora, Hacia más luz, hacia existencia activa Con trabajos continuos y difíciles, Insertos en un mundo que es de todos. Y juntos nos salvamos o perdemos, Porque el destino sigue en nuestras manos.

¿Y el amor? En las bases y en las metas.

El poema, que es el último de todos los que tratan estos temas, acaba de nuevo —como ocurría con los poemas relativos a la ética individual, como ocurre casi siempre en Guillén— con una nota de esperanza: «Frente al gran horizonte luminoso, / A esta paz tan concreta, bien vivida»[1].


[1] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: la preocupación ética (1)

Son varios los poemas en los que podemos apreciar lo que he denominado «preocupación ética» de Jorge Guillén. El poeta, en el discurrir de sus versos, va apuntando distintos valores o virtudes que deberían constituir, según él, el código de comportamiento moral del hombre[1]. Este sería el aspecto personal, individual, de esa preocupación ética. Por otra parte, existen numerosos poemas en los que la preocupación está centrada en aspectos sociales: es decir, el hombre en relación con los demás hombres. Son poemas de contenido incluso político que se relacionan con los de la parte tercera de Final, «Dramatis personae» (y, de los libros anteriores, con Clamor).

Comentaré primero el aspecto personal de la preocupación ética guilleniana. Por ejemplo, en «Job, múltiple doliente» se elogia la paciencia y la humildad de aquel varón: la primera parte del poema es la exposición de la historia bíblica con la aceptación sin condiciones por parte de Job de todas las desgracias y adversidades que inopinada e injustamente le llegan; la segunda viene a ser su aplicación práctica pues, como se indica, «Sin cesar Job renace, sufre, clama».

Santo Job, de Léon Bonnat

Los poemas «Diógenes», «Con Lao-Zi» y la traducción libre de «En la partida de Zaragoza», de Selomó Ibn Gabirol —este poema es ya de «Otras variaciones»— pueden relacionarse por contener los principios ante la vida del filósofo cínico, los del filósofo taoísta y los de un sabio que vive entre personas ignorantes y rudas. Después de reconocer que «El arte de vivir es muy difícil», los valores que se afirman en el primer poema son la esperanza, que es el «valor máximo de la vida»; la libertad: «libertad ante todo»[2]; la humildad: «Yo he despojado toda vida humana / De su soberbia»; la sobriedad: «Pan, alforja, sayal, bastón y copa»; y, sobre todo, la dignidad humana en sí misma: «—Si eres hombre ¿no sientes / Que es fiesta cada día?».

En el segundo poema se insiste en algunos de estos valores —la humildad, la sobriedad— y se añaden otros: el amor, la autenticidad, la prudencia, la sabiduría. Así, leemos frases como: «Lo auténtico se busca»; «Por rutas de ambición se pierde el hombre. / Se quiere ser auténtico»; «“Poseo tres tesoros: El amor, / Sobriedad. No atreverme a ser primero”»; «La verdad ante todo» o «“Todo es siempre difícil para el sabio”».

En el poema de «Otras variaciones» se añade la amistad: «Y tal sed tengo / De amistad que se cree saciada sin estarlo»; y una actitud de aceptación serena ante la muerte: «Toda alegría es dolor. / Mi último dolor será alegría».

En definitiva, recapitulando, paciencia, humildad, sobriedad, libertad, autenticidad, prudencia, sabiduría, amor, amistad; tales serían los principales valores que apuntalarían el código ético guilleniano sugerido —no expuesto sistemáticamente— en estos poemas.

En «Contemplando Florencia» se nos habla de un paseante que se recrea en las «concretas maravillas» del paisaje; parece querer decir el poeta que basta con desear cosas sencillas para alcanzar la felicidad: «Son a las que yo aspiro». Muy importante me parece también el poema «Una sabiduría», en el que Guillén contrapone la ley vetotestamentaria «“el quinto, no matar”» con la enseñanza de Jesucristo «“Amaos ya los unos a los otros”». En definitiva, lo que se quiere decir es que como pauta de comportamiento no debe bastar el no hacer daño a los demás, sino que cada persona debe buscar el bien de sus semejantes, del prójimo. Toda una doctrina ética encerrada en siete versos, en un solo verso: «“Amaos ya los unos a los otros”»; así lo afirma el poeta: «He ahí mi mejor sabiduría».

Frente a esos valores positivos que se van esbozando, van apareciendo los principios negativos que se alzan en el mundo; en el poema «Vida corta», relativo a la muerte de Lucano, Guillén habla ya de una «feliz Barbarie rozagante»; «Inferno», con título dantesco, es una reflexión sobre los distintos infiernos de violencia y destrucción que el hombre es capaz de crear para sí y para sus semejantes en este mundo: «Los destructores siempre van delante»; «Triunfa el secuestro con olor de hazaña, / Que pone en haz la hez del bicho humano» (nótese el efecto de la paronomasia). En este poema no se aprecia el más mínimo resquicio por el que pueda entrar la luz de una cierta esperanza; todo se reduce aquí a «El infierno al alcance de la mano». Al principio del poema figura como lema una cita de Dante: «Ma tu perché ritorni a tanta noia?».

«Purgatorio» constituye una reflexión sobre la envidia: se inspira en un personaje de la Divina comedia dominado por la pasión de la envidia y que además es consciente de ella, por lo que llega a envidiar los valores positivos de los demás. Es el reverso de los poemas anteriores que propugnaban el tópico de la aurea mediocritas, de aquella dorada medianía que deseaban Diógenes y Lao-Zi, cada uno de los cuales deseaba pasar su vida «ni envidiado ni envidioso», como dijera fray Luis de León.

El poema «Crisis» es importante porque introduce otro factor negativo, el suicidio al que puede conducir esa crisis: «Soledad destruye»; pero se niega en última instancia que el suicidio sea una solución válida: «Alguien llega. Se habla con el mundo. / Hay que vivir. La realidad se impone». La colocación de este poema, prácticamente al final de la primera sección, parece ser la contestación afirmativa a todos aquellos poemas anteriores en los que no se mencionaba la esperanza: es una afirmación de la vida, que hay que vivir además en compañía, de forma solidaria[3].


[1] Ya en Cántico existe un poema titulado precisamente «Virtud» en el que podemos leer: «Tendré que ser mejor: me invade la mañana. / Tránsito de ventura no, no pesa en el aire. / Gozoso a toda luz, ¿a dónde me alzaré? / Tránsito de más alma no, no pesa en el aire. / Me invade mi alegría: debo de ser mejor».

[2] En «Pueril Paraíso», el referirse al pecado original cometido por Adán y Eva da pie al poeta para reflexionar sobre el ejercicio de esa libertad: los actos del hombre deben consistir siempre en «conciencia, libertad, elección responsable».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: el deseo de Dios y la presencia de la muerte (y 2)

La presencia de la muerte se irá intensificando poco a poco hacia el final de «En tiempo fechado» (la cuarta parte de Final): en el poema «Misterioso» se habla de Salinas, el amigo muerto; en el titulado «La pareja», el poeta se refiere metafóricamente a la muerte, que es esa segunda persona a la que se dirige: una muerte personificada como mujer con la que se ha de realizar el último viaje (tengo en mente la obra de Casona, La dama del alba). Véanse si no estos versos:

Porque estás ahí conmigo.
Amor absolutamente
Fatal. Es nuestro destino.
Esos conatos del énfasis
Bien unidos son sencillos.
Va a salir el sol. Que alumbre
Nuestro abrazo: sol ya íntimo.

En el poema siguiente, «Otra fe también», el poeta vuelve a mostrarse consciente de que se acerca su propia muerte: «Me moriré. Mal trago triste y justo. / Esta es mi humilde fe». El último poema, en fin, que he comentado ya en otra entrada, puede considerarse como el legado testamentario de Guillén.

Jorge Guillén, Antologia poéticaHemos visto cómo la muerte se ha ido haciendo presente poco a poco en los últimos poemas de la tercera sección. La colocación de estos poemas prácticamente al final del libro —pues la quinta parte, relacionada simétricamente con la segunda, es muy breve— es también significativa. Un Guillén ya muy anciano es consciente de que su muerte no está lejana; pero al poeta le queda el consuelo y la satisfacción de que nos deja el conjunto de su obra como «Un honesto servicio de cultura». En suma, en estos poemas volvemos a encontrar, como indica Zuleta, la aceptación completa de un orden «en el que el hombre admite su mortalidad, de veras integrado en la Naturaleza»[1].


[1] Emilia de Zuleta, «Lección final de Jorge Guillén», Revista de Literaturas Modernas (Mendoza, Argentina), 20, 1987, p. 66. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.

«En tiempo fechado» de Jorge Guillén: el deseo de Dios y la presencia de la muerte (1)

Jorge GuillénEstudio de forma conjunta estos dos temas por una razón muy sencilla: la presencia de la Divinidad, de algo que trasciende la vida de este mundo, está presentida o deseada en varios poemas de la primera sección, como ahora señalaré; en estos casos, esas referencias no van unidas a la idea de la muerte. Ahora bien, al final de la tercera sección —que es prácticamente el final del libro, si excluimos la breve quinta parte— se concentran, seguidos, varios poemas en los que reaparece de forma insistente ese anhelo de Divinidad, y aquí ya sí se une claramente la conciencia de una muerte muy próxima, de un final ya cercano (el orden de colocación de estos poemas me parece bien significativo). Esta es la razón por la que estudio estos dos temas distintos bajo un único epígrafe.

Comenzaré señalando los poemas de la primera sección que hacen referencia a Dios: en «La primera frase», el primer poema de «En tiempo fechado», se habla de «el protagonista divino» como «Alguien no material», que es quien pronuncia las palabras que son origen primero de la creación desde la nada: «Fiat lux». En el poema sexto, «La tierra y el hombre», observamos de nuevo el poder revelador de lo creado, de la naturaleza: el contacto con esa tierra «Sometida a labores» diariamente constituye para quien la trabaja «visión del Ser que Es»:

«Geórgica primera.» Se requiere
Gran poeta, maestro verdadero
Para «cantar» ahondando con precisa
Mirada, con saber muy competente
De labrador contemplativo, tierra
Sometida a labores: gran esfuerzo
Que a esta altura es fervor, palabra intensa.
Este contacto con la vida misma,
Con esa realidad tan inmediata
Y siempre trabajada constituye
Visión, visión del Ser que Es, fecundo
Sin retorno a bucólica. Virgilio,
Poeta extraordinario, nos lo advierte.

Es idea que expresa Aranguren con estas palabras: «La Creación se revela, más aún, es Reveladora y Revelación. Jorge Guillén es, a la vez, abierto y resueltamente limitado. Por eso escribe: La Creación se revela de tal modo que puede postular una vía posible hacia un Creador»[1]. Este poema guarda una indudable relación con el titulado «Amor de Santa Teresa», en el que se insiste en la cercanía de Dios, que se halla entre los objetos más humildes y sencillos:

La tierra y los humanos son un medio
Que merece atención. También es vía,
Siempre hacia Dios, distante nunca, próximo,
Visible —de los éxtasis y arrobos.

El poema «Desconcierto» es significativo por negar una idea radicalmente pesimista del filósofo Kierkegaard que figura citada al principio del mismo: «Cristo… solamente se sacrifica para que aquellos a quienes ama lleguen a ser tan desdichados como él mismo». Dice el poeta que esta idea sonará como un abuso frente al Creador, al tiempo que critica «Esa fe tan sonora de energúmeno».

Ya en la tercera sección, el tema de Dios empieza a aparecer en el poema «Esperando a Godot», en el que, partiendo del título de la conocida pieza teatral de Samuel Beckett, se juega con una posible separación silábica: el personaje esperado puede ser God (Dios en inglés); y aunque ese God no llegue y el hombre, «esa criatura desvalida», no consiga «dotar de coherencia al mundo», al final, como siempre en Guillén, aparece la esperanza: «Esperemos de veras. ¿Hay vida? Ya esperanza».

Y si en el poema titulado «Cavilaciones» el yo lírico se muestra dubitativo acerca de la existencia de la divinidad: «¿Dios? Ojalá, quién sabe», en cambio en «Cuando contemplo el cielo», que entronca con una de las mejores poesías de fray Luis, la oda «A Salinas», la respuesta no deja lugar a ninguna duda: al observar la armonía de «un hermoso cielo», «De este gran universo en que yo aliento», el poeta dirá: «¿Cómo no desear ordenador Espíritu?», «¿Cómo no desear una Supremacía?». En el poema «Buscar nido», aunque no se alude expressis verbis a la divinidad, podemos pensar que se refiere a ella cuando dice: «En el oscuro futuro, / Y sin el menor conjuro, / Mi esperanza busca nido».

Gómez Yebra ha dedicado un artículo a este tema: «Dios al ‘Final’ de Jorge Guillén», del que copio estas palabras como conclusión:

No hay respuesta definitiva, es cierto, pero queda patente la continuada presencia de Dios, el Dios del cristianismo, a lo largo de la obra guilleniana y, más en concreto, a través de Final. Su autodefinición como agnóstico queda, por ende, ampliamente demostrada, y [también] sus ansias febriles de Dios y un más allá[2].

Pasemos ahora al tema de la muerte. Pese al vitalismo que caracteriza toda la poesía de Guillén, el tema de la muerte está ya claramente presente desde su primer libro, Cántico, por ejemplo en los poemas titulados «Muerte a lo lejos»[3] y «Una sola vez»[4]. Aquí, en esta cuarta parte de Final, que se titula significativamente «En tiempo fechado», el poeta es ya consciente de la muerte cercana. Bien claros son estos versos de «Vanidad y pompa»: «Quiero vivir en paz conmigo mismo. / Acercarme a la muerte ya sereno, / Libre, por fin, de pompa y vanidad»[5].


[1] José Luis Aranguren, «La poesía de Jorge Guillén ante la actual crisis de los valores», en Biruté Ciplijauskaité (ed.), Jorge Guillén, Madrid, Taurus, 1975, p. 264.

[2] Antonio Gómez Yebra, «Dios al ‘Final’ de Jorge Guillén», Ínsula, núms. 435-436, 1983, p. 11.

[3] «Alguna vez me angustia una certeza / Y ante mí se estremece mi futuro. […] / … Y un día entre los días el más triste / Será. Tenderse deberá la mano / Sin afán. Y acatando el inminente // Poder diré sin lágrimas: embiste, / Justa fatalidad. El muro cano / Va a imponerme su ley, no su accidente» (pertenece a la tercera sección de la tercera parte, «El pájaro en la mano»).

[4] En este escribe: «Muerte: para ti no vivo» (pertenece a la quinta sección de «El pájaro en la mano»).

[5] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «La cuarta parte de “Final”, de Jorge Guillén: “En tiempo fechado”. Ordenación temática»Rilce. Revista de Filología Hispánica, 13.1, 1997, pp. 74-101.