«Los tres reyes magos» de Rubén Darío

Copio para esta noche especial, de espera ilusionada, el poema número IV de Cantos de vida y esperanza (1905), que dedica el poeta nicaragüense Rubén Darío a «Los tres reyes magos». En él, una cuarta voz que interviene tras los tres magos, proclama que, en la Epifanía, «Triunfa el amor y a su fiesta os convida»:

Andrea-Mantegna-Adoracion-reyes-magos-oriente

—Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
Todo lo sé por la divina Estrella!

—Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo
Y en el placer hay la melancolía!

—Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
Que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
Que brilla en la diadema de la Muerte.

—Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
Cristo resurge, hace la luz del caos
Y tiene la corona de la Vida![1]


[1] Cito por Rubén Darío, Azul… Cantos de vida y esperanza, ed. de José María Martínez, Madrid, Cátedra, 1995, p. 350. Se respeta la presentación de la edición original de 1905 (mayúscula al comienzo de cada verso, signos de admiración solo en el cierre, etc.). Anota el editor moderno: «Sin datos sobre publicación anterior a Cantos ni tampoco sobre el manuscrito; Torres Rioseco (Antología… 103) propone como fecha de redacción la de 1903».

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«Al Nacimiento de Jesús», villancico de Santa Teresa

Vaya para el día de Año Nuevo este villancico pastoril dialogado de Santa Teresa de Jesús. Como bien anota el Padre Tomás Álvarez, los nombres de los pastores que hablan o se mencionan (Gil, Bras, Menga, Llorente) son los tradicionales en la poesía pastoril castellana. Y añade el dato de que «Todo el poema se conserva autógrafo: los primeros once versos, en el carmelo de Florencia; los restantes en el carmelo de Savona (Italia)». Como es habitual en este tipo de poemas, al tiempo que se canta el Nacimiento de Jesús se anuncia ya su pasión y muerte redentora de toda la humanidad:

Adoración, Bonifacio Veronese

Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente.

—Por eso nos ha sacado
de prisión a Satanás;
mas es pariente de Bras,
y de Menga, y de Llorente.
¡Oh, que es Dios omnipotente!

—Pues si es Dios, ¿cómo es vendido
y muere crucificado?
—¿No ves que mató el pecado,
padeciendo el inocente?
Gil, que es Dios omnipotente.

—Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda Zagala.
—Pues si es Dios, ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
—¿No ves que es omnipotente?

Déjate de esas preguntas,
muramos por le servir,
y pues Él viene a morir,
muramos con Él, Llorente,
pues es Dios omnipotente[1].


[1] Cito, con algún ligero retoque, por Santa Teresa, Obras completas, 16.ª ed., preparada por Tomás Álvarez, Burgos, Monte Carmelo, 2011, p. 1371.

 

«De una Virgen hermosa / celos tiene el sol», villancico de Lope de Vega

 

El Niño Dios ha nacido en Belén,
¡aleluya, aleluya!
Quiere nacer en nosotros también,
¡aleluya, aleluya!

¡Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a todos los hombres
de buena voluntad!

Vaya para el feliz día de la Natividad del Señor este otro villancico del Fénix, perteneciente también a Pastores de Belén[1]. Comenta su editor moderno, Antonio Carreño, que «Cristo es el nuevo Sol, el centro por analogía del nuevo mundo que va a regir con su llegada (vv. 13-14)». Y añade después en su anotación:

Nótese el conceptismo sacro: el sol se rinde a los pies de la Virgen (de la Estrella) como señal de adoración, pues esta porta en sus brazos al otro Sol mayor. La iconografía sagrada presenta numerosos ejemplos de tal representación[2].

Natividad

Este es el texto completo del villancico, que tiene (¡es de Lope!) toda la gracia y sencillez de la mejor poesía popular:

De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la Estrella[3]
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.

«Hermosa María»,
dice el sol vencido,
«de vos ha nacido
el Sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor[4].


[1] Lope de Vega, Pastores de Belén. Prosas y versos divinos de Lope de Vega. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Madrid, por Juan de la Cuesta, año 1612, fols. 193v-194r.

[2] Antonio Carreño, en su ed. de Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, Barcelona, Crítica, 1998, p. 610, nota a los vv. 10-11.

[3] Se trata de un heptasílabo en un contexto de hexasílabos, lo mismo que el v. 21, «Esto dijo humillado».

[4] Cito por Lope de Vega, Rimas humanas y otros versos, ed. y estudio preliminar de Antonio Carreño, Barcelona, Crítica, 1998, p. 610.

«Campanitas de Belén», villancico de Lope de Vega

Venid, que es hoy Nochebuena.
Venid, que es hoy Navidad…

Vaya para la noche de Nochebuena este precioso villancico de Lope de Vega, inserto en Pastores de Belén. Los humildes pastores han recibido la embajada angelical que les anuncia el nacimiento del Salvador, y ellos se preparan para acudir a adorarlo: «—Vamos a ver la inmensa maravilla que Dios ha usado con nosotros: pasemos hasta Belén y gocemos desta gloria que por tan altos y fidedinos embajadores nos ha sido prometida». Tras lo cual, añade el narrador:

No se les olvidaron algunos dones y presentes, aunque humildes (puesto que de los corazones y voluntades es el mejor para quien hizo todas las cosas criadas que estima el hombre), y con varios y dulces instrumentos comenzaron a regocijar la divina mañana de aquel venturoso día, de tal suerte que los demás vaqueros y pastores de aquellas cabañas se les iban juntando por el camino, y todos cantando ansí.

Nacimiento

Este es el texto del villancico que entonan:

Campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.

Din, din, din, que vino en fin,
don, don, don, San Salvador,
dan, dan, dan, que hoy nos le dan,
tocan y tañen a gloria en el Cielo,
y en la tierra tocan a paz.
En Belén tocan al Alba
casi al primer arrebol
porque de ella sale el Sol,
que de la noche nos salva.
Si las aves hacen salva
al Alba del Sol que ven,
campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre.

Este Sol se hiela y arde
de amor y frío en su Oriente,
para que la humana gente
el Cielo sereno aguarde,
y aunque dicen que una tarde
se pondrá en Jerusalén,
campanitas de Belén,
tocad al Alba, que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que de ella nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre[1].


[1] Pastores de Belén, prosas y versos divinos de Lope de Vega Carpio. Dirigidos a Carlos Félix, su hijo, en Lérida, a costa de Miguel Manescal, mercader de libros, 1612. Cito por la edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo (pp. 179-180), disponible aquí. Desarrollo los versos del estribillo.

«Harina y nieve», villancico de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

El Señor cerca está,
Él viene con la paz.
El Señor cerca está,

Él trae la verdad.

Estamos ya en el cuarto domingo de Adviento y la Natividad del Señor está a la vuelta de la esquina. Para celebrarlo, he aquí un nuevo villancico de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un romancillo (con rima í a) titulado «Harina y nieve» y contrapone «las dos Navidades, / iguales, distintas» de un niño de Oriente y otro de Occidente.

Belén con nieve

He aquí el texto de la composición, que adopta una estructura circular:

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas,
en dos Navidades
iguales, distintas.

El de aquí le pone
al belén harina
a falta de nieve.

El de allí suspira
para que se vaya
la nieve algún día
y la harina llegue
para la comida.

Así que, sacando
cuentas resumidas,
lo que a uno le sobra
el otro precisa.

Cuando el de Occidente,
de carnes rollizas,
a un portal de plata
pone figuritas
con Reyes riquísimos…
en la lejanía
el niño de Oriente
el portal que habita
con techo de estrellas
está hecho de arcilla
—así puede verse
en fotografías
que la tele muestra
mientras la comida—.

No juega a belenes.
Es así su vida.

Y en sus propias carnes
enjutas y heridas
repite el misterio
de la Epifanía:
el corazón lleno,
las manos vacías.

Oriente, Occidente,
dos niños, dos vidas
en dos Navidades
iguales, distintas[2].


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 16-17. Mantengo las divisiones en «estrofas» dentro de la tirada de versos del romancillo.

«Dos navidades», de Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo

La Virgen sueña caminos,
está a la espera.
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.

Para este tercer domingo de Adviento —y festividad de santa Lucía, que nos conserve la vista— copiaré el poema «Dos navidades», de Juan Colino Toledo (†) y José Javier Alfaro Calvo[1], miembros los dos del Grupo Literario Traslapuente de Tudela (Navarra). Se trata de un sencillo villancico que nos habla de la existencia de dos navidades, la «de verdad» y la «de oropel». Su estructura circular pone de relieve que la misma historia de María y José se sigue actualizando en nuestros días —un tiempo de crisis— en la figura de otros «sintecho», igual de necesitados y tan desamparados como ellos.

María y José camino de Belén

He aquí el texto de la composición, que desde el punto de vista métrico adopta la forma de un ágil romancillo con rima aguda en é:

Lo dice la Historia:
Érase una vez
una tal María
y un tal San José
que andaban buscando
al atardecer
un refugio para
tener su bebé.

En ninguna casa,
en ningún hotel
de aquel pueblecito
llamado Belén
se abrió puerta alguna
para que aquel ser,
que estaba empujando
queriendo nacer,
tuviera un refugio
con techo y pared.

Hoy, aquella historia,
regresa otra vez:
en un descampado
muy cerca del tren
María Sintecho
da a luz un bebé
en cuna diseño
de yerba y papel.

En el horizonte,
al fondo, se ven
luces que relucen
desde El Corte Inglés.

Hay dos navidades
—el haz y el envés—,
una es de abundancia,
la otra es de escasez,
una es de verdad,
la otra de oropel.

Y, así, año tras año
vuelve a suceder
esta misma Historia:
Érase una vez…[2]


[1] Juan Colino Toledo (Zamora, 1913-Tudela, 2001), «escritor polifacético, pero sobre todo poeta», publicó los poemarios Sonetos a cuatro voces y Por las catorce rutas del soneto. José Javier Alfaro Calvo (Cortes, Navarra, 1947) ha dado a las prensas una decena de libros de poemas, la mitad de ellos dirigidos al público infantil, entre los que cabe destacar el titulado Magiapalabra.

[2] Juan Colino Toledo y José Javier Alfaro Calvo, De hiel y de miel. Villancicos, Tudela, Grupo Literario Traslapuente, 2013, pp. 26-27. Mantengo las divisiones en «estrofas» dentro de la tirada de versos del romancillo. En el verso 30 añado «El», que me parece mejora el verso.

Las «Nanas de la patera» de Alfonso Valverde

Este domingo, con la celebración del Bautismo de Jesús, se cierra el ciclo litúrgico de Navidad. Corresponde, por tanto, poner fin también a la serie de villancicos y poemas navideños que han ido apareciendo estos días pasados en la Ínsula. Y quiero hacerlo con estas preciosas «Nanas de la patera» de Alfonso Valverde, que aluden a una realidad, por desgracia, de total actualidad en nuestro tiempo y en nuestra geografía cercana. El texto nos recuerda que el Niño Jesús se identifica con todos, sí, pero de forma especial con los emigrantes, los perseguidos, los pobres y humillados de la tierra… Y, desde sus humildes versos (muchas veces el villancico navideño adopta esta forma de nana popular), nos invita a reflexionar acerca de esta idea: que la Navidad ha de ser más, mucho más, que los turrones, las luces de colores y los regalos hueros que nos impone —muchas veces— un triste consumismo sin sentido.

Bebé rescatado de una patera

A la nanita, nana,
duérmete, cielo,
la patera es chiquita,
grandes los sueños…
Que Jesús y María
también se fueron,
huyendo de un Herodes,
al extranjero…

Huyendo de un Herodes
el Dios eterno…,
nosotros por el hambre,
Él por el miedo,
nosotros en patera,
Él en jumento…

Tu papá va remando
y yo te velo…,
los Herodes y el hambre
quedaron lejos…,
que se duerme mi niño,
se está durmiendo.
Que lo arrullen la luna
y los luceros,
que se callen las olas,
que calle el viento…

—Cuando lleguemos, niño,
cuando lleguemos,
comerás pan de trigo
y hasta cordero,
que es Navidad, mi vida,
y el Dios del cielo
sólo quiere una cosa:
que nos amemos…

Que Jesús y María
también se fueron,
huyendo de un Herodes,
al extranjero…
A la nanita, nana,
duérmete, cielo[1].

Estas «Nanas de la patera» se pueden escuchar aquí, cantadas por el Coro Auxilium de Utrera.


[1] Tomo el texto de Jaume Flaquer García, SJ, Vidas itinerantes. Apuntes para una teología interreligiosa de la migración, Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2007, p. 31 (Cuadernos Cristianisme i Justícia, de la Fundació Migra Studium, núm. 151). Introduzco algunos cambios en la puntuación y añado la distribución de los versos en estrofas.