El «Villancico cruel a un subnormal no nacido» de Víctor Manuel Arbeloa

(Dedico la entrada de hoy a la familia Borda-Montes,
y de forma muy especial a la «Nana» Ana Isabel,
con todo cariño.)

(Y a todos los inocentes, con o sin Síndrome de Down,
a los que los Herodes de turno no les dejaron nacer.)

Como queda recogido en algunas otras entradas de este blog, Víctor Manuel Arbeloa (nacido en Mañeru, Navarra, en 1936) es uno de los escritores españoles que con más asiduidad ha tratado en sus versos el tema de la Navidad, y además se ha acercado al mismo en calidad de estudioso. Para este 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, y fiesta también de la Sagrada Familia, copiaré su «Villancico cruel a un subnormal no nacido»[1], que ilustro con la postal de esta Navidad de la Asociación Síndrome de Down Navarra:

Postal de la Asociación Síndrome de Down Navarra 2014

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte.

No vengas a esta vida,
mi niño; vuelve
a la sombra y al cielo
del no saberte.

No vengas a este mundo
negro, inclemente.
Vuelve a ese limbo blanco
del que desciendes.

No vengas, que en la noche
no hay luna verde
que te alumbre los sueños
que se te pierden.

No verás quién te mira
sólo, sin verte.
Ni sabrás quién te besa
porque te quiere.

No entenderás la risa
de flor y nieve,
ni el fuego de las lágrimas
que por ti crece.

Nadie sabrá tu idioma
extraterrestre.
Ni entenderás la lengua
de tus juguetes.

No vengas a esta vida;
pero, si vienes,
trae una cuna blanda
de lunas verdes.
Trae un pañal de rosas
y de cipreses.

Que vienes a una vida
que es media muerte.
Que la muerte es la vía
de renacerte[2].


[1] El adjetivo subnormal resulta hoy «políticamente incorrecto». En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Arbeloa publicó su libro Nanas a un niño subnormal en los años 70 de la pasada centuria (Pamplona, Gómez, 1973). Del mismo año 1973 es la «Nana para dormir a un subnormal», con letra de otro Víctor Manuel (Víctor Manuel San José), cantada por Ana Belén, e incluida en su disco Tierra. Casualmente, Álex Grijelmo dedica hoy su sección «La punta de la lengua», en El País Domingo (p. 12), a este vocablo, «Subnormal».

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 255-257.

El «Villancico de los qué dirán» de Antonio Murciano

Proseguimos la serie de poesía de Navidad con esta composición de Antonio Murciano, escritor que, al igual que su hermano Carlos —y muchas veces los dos al alimón—, ha cantado el nacimiento de Jesús y las temáticas propias de esta festividad religiosa. Este poema desarrolla, en concreto, el motivo, que tiene bastante tradición, de las dudas sobre la paternidad de San José, que es a lo que alude el título:

San José con Jesús

«Abuela Santa Ana,
¿qué dicen de vos?»
(Popular)

Al rayar el día
el gallo cantó:
—Ya nació el Mesías,
nuestro Salvador.

—Señora María,
¿qué dicen de Usía?
—Que yo soy la Virgen
que parió al Mesías.

—Señora Santa Ana,
¿qué dicen de vos?
—Que soy soberana
abuela de Dios.

—Señor San Joaquín,
¿qué dicen de ti?
—Que soy el abuelo
del chiquirritín.

—Señor San José,
¿qué dicen de Vd.?
—Que no soy el padre
del Niño Manuel.

—No le haga Vd. caso
a los qué dirán.
—Él me llamó padre
cuando empezó a hablar.

—Si él le llamó padre,
por algo será.
Cuando el río suena,
agua llevará[1].


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 70-71.

El villancico «Ya está el niño en el portal» de Gloria Fuertes

¡Alegraos, en la ciudad de David nos ha nacido el Salvador!

¡Con mis mejores deseos de una muy feliz y santa Navidad
a todos los amigos-lectores insulanos!

Sagrada Familia, de Luis Tristán

De entre las varias composiciones poéticas navideñas de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-Madrid, 1998), copiaré hoy su «Villancico» que comienza «Ya está el niño en el portal…»:

Ya está el niño en el portal
que nació en la portería.
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas:
el niño sabelotodo
y está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

«Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato;
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que venga la Magdalena;
que venga San Agustín,
que esperen los Reyes Magos
que les tengo que escribir»[1].

Este villancico ha sido musicado por Paco Ibáñez y se puede escuchar aquí.


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 174-175.

«Canción de Nochebuena», de Beatriz Schulze Arana

La escritora boliviana Beatriz Schulze Arana (Potosí, 1929-La Paz, 2000) participó de la fundación en La Paz de la segunda generación del grupo «Gesta Bárbara» (1944). En 1995 ingresó en la Academia Boliviana de la Lengua. Entre sus obras se cuentan títulos como Lejanías (1945), Surcos de luz (1947), En el telar de las horas (1948), Por la escala del ensueño (1949), En el dintel de la noche (1951), Desvelo de lámpara (1958), Pompas de jabón (1958), Clarinadas de oro (1979), Burbujas de color (1979), La princesita calipso y el fausto ruiseñor (1980), Semillero de luces (1981) y Luces mágicas (1988). Los últimos años de su vida los pasó en la «Casa del Poeta», dotada por el municipio de La Paz.

Juan Quirós nos ofrece la siguiente valoración de su estilo poético:

Dedicada a los oficios del ensueño, muy femenina, ajena a modas y esnobismos, siempre despierta al imperativo de sus principios y a su voz interior, Beatriz Schulze Arana está exenta de sensiblería y de toda jugarreta verbalista. De sus versos para niños ha dicho Gabriela Mistral: «Van envueltos en un halo de verdadera belleza, además recrean, enseñan sin violencias, ejercitan la imaginación y abren surcos de bondad y de ternura»[1].

Su «Canción de Nochebuena» es una sencilla composición en hexasílabos en los que la voz lírica expresa los dones que piensa presentar al Niño recién nacido.

Virgen con el Niño Jesús, de Antonio Arias

Los recursos utilizados (anáforas, paralelismos, variedad de rimas asonantes, empleo de diminutivos, etc.) son los habituales en este tipo de poemas que se insertan en la tradición de la poesía navideña de tono popular. Este es el texto del poema:

Me ha dado la alondra
pajas de su nido,
yo le haré con ellas
su cunita al Niño.

Me han dado las nubes
copos de algodón,
albos como un sueño,
tibios como el sol.

Con don tan precioso
a mi Niño Dios
le haré una almohadita
y un muelle edredón.

Me ha dado la luna
un jirón del traje
que lució la noche
de su primer baile;

de seda tan fina
yo le coseré
bellos pañalitos
al Dios de Belén.

Me han dado los mares
encajes de espuma,
con ellos al Niño
yo le haré una túnica.

Agujita mía:
corre, salta, vuela
sobre el escenario
del encaje y seda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela!,
que Jesús ya viene,
que Jesús ya llega
y yo no consigo
terminar mi ofrenda.

Agujita mía:
¡corre! ¡salta! ¡vuela! [2]


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 347.

[2] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 351-352.

«Nochebuena», de Luciano Durán Böger

(La Virgen sueña caminos,
está a la espera;
la Virgen sabe que el Niño
está muy cerca.)

Estamos en el cuarto domingo de Adviento, y la Navidad está ya a la vuelta de la esquina… Así pues, continuaremos la serie de poesía navideña —y, al mismo tiempo, la de breves semblanzas de escritores bolivianos— con el poema «Nochebuena», de Luciano Durán Böger (1904-1996). Nacido en 1904 en Santa Ana, capital de la provincia de Yacuma, en el departamento del Beni, fue escritor (poeta, cuentista y novelista), crítico de arte y también pintor autodidacta. La mayor parte de su producción poética quedó recogida en su antología Geografía de la sangre (1963). En el terreno de la narrativa aportó obras como Sequía (1960), Inundación (1965) —subtitulada Novela para un continente en lucha—, En las tierras de Enín (1967), que está considerada una de las mejores novelas bolivianas, y Sangre en La Esmeralda (1972), cuyo título se cita a veces equivocadamente como Sangre de Esmeralda. Es autor también del ensayo Poetas del Beni (1963). Durán Böger fallecería en La Paz  en 1996. De él ha escrito Juan Quirós que es

Dueño de una copiosa producción en verso donde existen muchas composiciones fáciles en demasía, junto a otras con aciertos que no son causales. Cuando se olvida del partido político que profesa [fue fundador y militante del Partido Comunista de Bolivia], Durán Böger afirma el paso y camina con seguridad. Nada fía entonces a la improvisación, deja de ser incoherente y aparece el poeta que hay en él[1].

Natività, de Carlo Maratta

Su poema «Nochebuena» canta con versos sencillos la belleza de la Virgen María y el nacimiento del Niño-Dios para, en la parte final —los dos últimos versos—, dar un quiebro que introduce la preocupación del autor por la problemática social («no tengo arbolitos, / ni zapatitos, ni cena», expresa la voz lírica). La composición reza así:

Bella
estaba la Madre
del amor
que besa el Aire,
del amor
que arrulla Luz,
del amor
que mima el Agua.

Sin una perla de llanto,
juega sobre el planeta
con lunas y con pañales.

¡Hijo del Hombre!
Niño de carne y de sangre
nació como nace el verso
del corazón del Poeta.

Esta noche es Nochebuena
—y yo no tengo arbolitos,
ni zapatitos, ni cena[2].


[1] Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, p. 179.

[2] Tomo el texto de Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, pp. 180-181.

«Navidad», de Octavio Campero Echazú

(De Nazaret a Belén
hay una senda;
por ella van los que creen
en las promesas.)

Estando ya en el tercer domingo de Adviento, no estará de más ir dando entrada ya en el blog a alguna ídem de tema navideño. Este año, comenzaremos la serie de poesía navideña con el poema titulado precisamente «Navidad», del escritor boliviano Octavio Campero Echazú (Tarija, 1900-Cochabamba, 1970). En el texto, además del ritmo tradicional (octosílabos con rima de romance, pero con versos de pie quebrado rematando la tercera y cuarta cuartetas), cabe destacar la introducción de un elemento andino (quenas) que proporciona particularidad geográfica al tema universal del nacimiento del Niño Dios, así como la bella metáfora aposicional «mies de luz sobre la vega» aplicada al recién nacido.

Belén andino

Este es el texto completo del poema:

Pastora, la contradanza
que tejes sobre la tierra
con los pies desnudos, huele
a pastos de Nochebuena.

Te enlazan dos zagalones,
y entre sus manos labriegas
—arbolito de diciembre—
tu talle se balancea.

Detrás vienen seis pastores
con tres zagalas cimbreñas,
como siguiendo el aroma
de tus huellas.

Y cantan un villancico
—son crecido entre las hierbas—
iniciado por el viento
de las quenas.

Desde el portal de sus voces,
la tuya, como una estrella,
los encamina hacia un verde
retablo de Nochebuena…

Ya los gallos campaneros
dan las doce; y es la tierra,
bajo el viento de los astros,
cuna que se balancea…

¡El Niño Dios ha nacido!
—mies de luz sobre la vega—,
y tus canciones, pastora,
se tiñen de un alba nueva[1].


[1] Cito por Juan Quirós, Índice de la poesía boliviana contemporánea, La Paz, Librería Juventud, 1964, pp. 153-154, con algún ligero retoque en la puntuación.

«El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)», de Gloria Fuertes

Para celebrar la fiesta de la Epifanía del Señor copio aquí el poema «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)», de Gloria Fuertes, ilustrado con «La adoración de los Reyes Magos», de Rubens que se conserva en el Museo del Prado:

La adoración de los Reyes Magos, de Rubens

El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».

—¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
—Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
—Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.

Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño[1].

Se puede escuchar este poema, recitado por la propia Gloria Fuertes, aquí (por cierto, a la altura del verso 20, me parece que la palabra que dice esta «mujer de verso en pecho» no es precisamente «birria»…).


[1] Poema incluido en la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 197-199 (aquí, en el título, se ha suprimido el adjetivo «cojito», que restituyo).