El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila, una adaptación libre del «Quijote»

Los críticos que se han ocupado del Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha[1] han señalado unánimemente los importantes cambios operados por el entremesista con relación al modelo cervantino. Así, Pérez Capo habla de las libertades que se tomó Ávila al llevar a escena el capítulo I, 3:

La presentación de don Quijote, «vestido a lo pícaro con una lancilla y morrión de papel»; la presencia de Sancho Panza, que no sirvió de escudero al héroe manchego hasta su segunda salida, lamentándose ya de sus trabajos, hambres y malandanzas, y hablando nada menos que de la venta de su rucio; las ridículas armas de esparto, que el mismo ventero proporciona a don Quijote para que las vele, cuando sabido es que éste veló las que había sacado de su casa y habían sido de sus bisabuelos; y para no cansar refiriendo todas las burdas extravagancias del entremés, la conversión de la moza de la venta en Dulcinea del Toboso, que se presenta como reina, acompañada de una corte de pícaros, y el grotesco acto de la recepción y besamanos con que la obrilla acaba, demuestran que el autor tuvo inventiva tan desdichada como falta de respeto a la novela de cuya popularidad se aprovechaba[2].

Y añade:

Francisco de Ávila, indudablemente, no se propuso llevar a la escena un episodio de la obra ingeniosa, regocijada y popular; lo que quiso fue hacer una parodia en el estilo chocarrero y disparatado de las comedias burlescas que entonces se escribían y pueden tenerse por precursoras de las obras que en nuestros tiempos hemos conocido formando parte del llamado género bufo[3].

Notemos que, aunque Pérez Capo apunta muy bien el contexto en que se produce el entremés (el auge de la literatura burlesca), interpreta los cambios en sentido muy negativo, hasta el punto de calificarlos de «despropósitos, incongruencias y frialdades»[4]. Muy distinta es la actitud de Luciano García Lorenzo, quien considera la pieza como «una valiosa muestra de las habituales parodias que, desde principios del XVII, se realizaron por muy diferentes escritores de comedias y entremeses»[5]. Dice así:

En esta misma línea de obras bufas y disparatadas, el Entremés de Francisco de Ávila no desmerece lo más mínimo. Compuesto totalmente en endecasílabos (excepto el baile final), la pieza dramatiza muy libremente el capítulo III de la Primera parte de la novela cervantina, aunque es evidente también el recuerdo de los episodios narrados en los capítulos XVI y XVII y XXXII y siguientes, también en la Primera parte. Efectivamente, recordemos que Sancho no acompaña al hidalgo hasta que éste inicia la segunda salida, aunque sí tiene el escudero participación (y destacada) en los sucesos que acaecen posteriormente en la venta, precisamente «espanto y asombro de Sancho Panza» (cap. XXXII). La comicidad es manifiesta en la pieza, y los recursos para conseguirla son tanto de tipo lingüístico como por el juego escénico y también (las acotaciones ya lo indican) por los vestidos y objetos que completan las figuras de los personajes[6].

Vilches de Frutos, tras comentar que este entremés es «el primer testimonio teatral impreso en España que dé prueba de la creciente atracción por parte del público hacia la obra» cervantina, insiste en su relación con el auge de la comedia burlesca; esa influencia se muestra en que Ávila opta por la utilización de técnicas paródicas en su adaptación teatral. También pondera la libertad del autor a la hora de llevar a cabo su adaptación:

La base de esta pieza se encuentra fundamentalmente en los capítulos dos y tres de la primera parte del Quijote, a los que se le añaden pasajes del resto de la novela y algunos hechos de absoluta invención. Argumento, estructura, caracterización de personajes y lenguaje, sufren una extraordinaria deformación paródica que evidencia una gran libertad en la adaptación por parte de este autor, del que apenas se conoce algún dato. De esta manera, se convierte en uno de los primeros representantes del género burlesco, siendo fundamental reconocer su mérito al haber sabido captar y transmitir la vis comica de la obra cervantina[7].

No me propongo una comparación detenida del esquema argumental del entremés con el modelo cervantino[8]. Me limitaré a señalar que los personajes de don Quijote y Sancho Panza responden, en su caracterización general, a los cervantinos, como tendremos ocasión de ver en próximas entradas. También es importante la evocación de Dulcinea, con una función similar a la del Quijote. Entre esas libertades del autor entremesil, una de las más notables es que don Quijote llega a la venta donde va a ser armado caballero acompañado de Sancho (recordemos que en la novela cervantina es precisamente el pícaro ventero quien le recomienda llevar un escudero; una posible explicación de esto es que el público deseaba ver juntos a don Quijote y Sancho Panza, que forman la pareja protagonista del libro, y que igualmente aparecían juntos en bailes y mascaradas). Este detalle ya había sido notado por la crítica; pero hay además una incoherencia temporal, pues don Quijote va a recibir la caballería después de mucho tiempo de andanzas, según sugieren sus palabras en un par de ocasiones: «después del discurso de mi vida, / donde he peregrinado tantas veces» (vv. 32-33), «los muchos trabajos que he pasado / en el largo discurso de mi vida» (vv. 317-318).

Don Quijote es armado caballero

En el entremés no se menciona a Rocinante y, en cuanto al rucio, Sancho alude a su venta (no a su robo). La recompensa de Sancho por sus servicios queda sugerida en los vv. 70-72, cuando don Quijote le asegura que «ninguna cosa perderás conmigo», pero no se concreta en la promesa de una ínsula o gobierno. Hay, en fin, algunos ecos textuales de detalle; por ejemplo, don Quijote llama a su escudero «amigo Sancho Panza» (vv. 31, 147 y 245), «amigo» (v. 87), «Sancho querido» (v. 39), como ocurre en la novela cervantina en los momentos de mayor sintonía espiritual entre amo y escudero[9].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, p. 14.

[3] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 14.

[4] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 149.

[5] Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978, p. 260.

[6] García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote…», p. 260.

[7] María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos exponentes del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30, 1985, p. 185.

[8] Ver Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha…», pp. 186-191.

[9] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

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El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: resumen de la acción

Examinaré ahora la relación con el modelo cervantino. El entremés de Francisco de Ávila[1] tiene evidentes puntos de contacto con el Quijote (sobre todo, con los capítulos I, 2-3), pero se aparta del modelo en otros momentos. En cualquier caso, creo que no debemos juzgarlo por su mayor o menor fidelidad al texto cervantino: el Quijote es el punto de partida, que proporciona los personajes y algunos detalles de la acción (la llegada de don Quijote a la venta para ser armado caballero); pero, a partir de ahí, Ávila opera con libertad creadora, componiendo una pieza dramática independiente, que debe ser estimada en sí misma, por sus valores dramáticos y literarios. Para el análisis posterior, tal vez no esté de más ofrecer un breve resumen, no tanto del argumento, sino de las secuencias de acción que se pueden deslindar dentro del entremés. Son las siguientes:

1) Vv. 1-30. Breve diálogo entre el ventero y su mujer, que podríamos subdividir en dos micro-secciones: vv. 1-14, enfado de la ventera por las pullas que le echan en la venta; y vv. 15-30, repaso de la situación de la venta (huéspedes y alimentos) y anuncio de la llegada de dos personajes. Es una secuencia mínima, pero importante porque nos sitúa en un contexto de burlas y bromas, subrayado por algunas palabras del diálogo: bernardinas (v. 5), disparates (v. 7), regodeo (v. 10), echar pullas (v. 12). Esta concentración de expresiones procedentes del campo léxico de la burla nos anticipa que la venta —como ocurría con frecuencia— va a constituir un espacio especialmente apto para las bromas.

2) Vv. 31-78. Diálogo entre don Quijote y Sancho, en el que el hidalgo manchego anuncia su misión caballeresca, que consiste en liberar a la infanta Dulcinea, encantada en el castillo, y ser armado caballero por ella.

3) Vv. 79-146. El ventero y la ventera comentan la aparición de los dos nuevos personajes con estas palabras:

VENTERO.- Digo que es linda gente, por mi vida,
la que ha llegado agora a nuestra venta.
Medraremos con ellos.

MUJER.- Por tus ojos,
que procures hacer que aquí se alleguen,
pues reposan agora nuestros huéspedes
y está la venta quieta.

VENTERO.- ¡Que me place! (vv. 79-84).

A continuación, el ventero se ofrece a armar caballero a don Quijote (que de inmediato acepta la propuesta, olvidando lo dicho poco antes de que sería Dulcinea quien le armase) y a llevar un recado para la dama.

4) Vv. 147-167. Don Quijote y Sancho conversan acerca de Dulcinea; se contrapone la visión idealizada de don Quijote y la Dulcinea «sanchificada».

5) Vv. 168-188. El ventero trae unas armas (ridículas) para que don Quijote las vele.

7) Vv. 189-214. Mientras Sancho se duerme, don Quijote vela las armas y recita un soneto pseudo-amoroso de ridículas rimas esdrújulas.

VelaArmas

8) Vv. 215-275. Riña con el arriero (don Quijote cree que es un gigante) y posterior comentario con Sancho acerca de la pelea sostenida.

9) Vv. 276-302. El ventero arma caballero a don Quijote.

10) Vv. 303-358. Según la traza dispuesta por el ventero, secundado por su mujer, aparece la moza Marina en el papel de Dulcinea, vestida ridículamente y acompañada de un cortejo de «caballeros» igualmente ridículos, rematándose todo con un baile final[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: panorama textual

Francisco de Ávila es un ingenio secundario dentro del panorama literario del siglo XVII. Él mismo, al final del entremés que nos ocupa, se declara «natural y vecino de Madrid»[1]. Es autor, entre otras obras, de Villancicos y coplas curiosas (1606), Loa en alabanza de las mujeres feas (1615) y el Entremés famoso del mortero y chistes del sacristán. Fue recopilador de la Flor de las comedias de España de diferentes autores (1615), y se le concedió el privilegio para imprimir la VII y VIII parte de las Comedias de Lope de Vega[2]. Según declara La Barrera, el Entremés «bastó para dar nombradía» al autor y, ciertamente, si Ávila ocupa hoy un lugar en las historias de la literatura es, sin duda, por esta obrita que toma como punto de partida el Quijote.

En cuanto al panorama textual del entremés, tras publicarse en 1617 fue reimpreso en Verdores del Parnaso por Gil de Armesto y Castro (Pamplona, 1697), donde se presentaba como mojiganga. Se publicó suelto en 1846 (Madrid, imprenta de la Viuda de Calero). Fue reeditado en 1905, con motivo del III Centenario del Quijote, por Felipe Pérez Capo, quien indicaba que lo ponía en circulación como documento histórico o curiosidad bibliográfica. Está incluido en la Colección de entremeses… de Emilio Cotarelo y Mori (1911). En fin, más recientemente lo publicó, en 1978, Luciano García Lorenzo en la sección «Scripta rediviva» de Anales Cervantinos[3]; y hay también una edición del año 2005 a cargo de Carlos Mata Induráin[4].

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Por lo que toca a su datación, Pérez Capo escribe:

Lógico es suponer que el entremés de Francisco de Ávila sería escrito mucho antes [de su publicación en 1617], aunque tampoco pueda determinarse con exactitud su antigüedad, porque en el mencionado tomo hay comedias de Lope escritas en distintos años, y algunas anteriores a la publicación de la primera parte de Don Quijote. La índole de la obrilla permite creer, sin embargo, que sería escrita a raíz de aquella publicación y aprovechando el grandísimo éxito que, desde luego, tuvo la novela de Cervantes[5].

Pérez Capo parece referirse a la publicación de la Primera parte en 1605. Por lo que a mí respecta, me inclino a creer que es posterior a 1615. Los tres detalles que apuntaba en una entrada anterior revelan, en mi opinión, la influencia clara de la Segunda parte[6].


[1] A título de curiosidad, recordaré que el entremés se ha representado en Pozuelo de Alarcón (Madrid), en abril de 2005, a cargo de la Compañía «Grupo Ateneo de Pozuelo», bajo la dirección de Alberto López Gimeno, con motivo de la entrega de premios del II Concurso de Cuento Corto del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón.

[2] Ver Emilio Cotarelo y Mori, Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas, Madrid, Bailly-Baillière (BAE, tomo XVII), 1911, p. LXIX; y María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos exponentes del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30, 1985, p. 185, nota 4.

[3] Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978.

[4] Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945. Cito el entremés por esta edición, con algunos ligeros retoques. Las citas del Quijote son por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[5] Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, p. 12 habla del «extraño e injustificado título de Los invencibles (¡!) hechos de Don Quijote de la Mancha». En el texto del entremés encontramos reiterado ese mismo adjetivo: «reales y invencibles ceremonias» (v. 280), con el significado de ‘insuperables, prodigiosas’.

[6] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» (1617), recreación quijotesca de Francisco de Ávila

El Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila[1], y la comedia Don Quijote de la Mancha, de Guillén de Castro, constituyen las primeras adaptaciones teatrales de la novela cervantina. Si en su publicación el entremés se adelantó un año a la comedia (aquel apareció en 1617 en la Octava Parte de las comedias de Lope de Vega, mientras que esta saldría en 1618 en la Primera Parte de las comedias de Guillén de Castro)[2], en cuanto a su redacción la obra de Guillén es anterior, pues sus estudiosos la sitúan en torno a 1606-1608. Por lo que respecta a la génesis del entremés, hay tres detalles que me inclinan a pensar que, aunque dramatiza sobre todo un pasaje de la Primera parte del Quijote, debe de ser posterior a 1615:

1) las varias alusiones al encantamiento de Dulcinea que, como sabemos, es un motivo muy importante en el Quijote de 1615, desarrollado a partir del capítulo 10;

2) la burla final del entremés, en la que la moza de la venta representa el papel de Dulcinea, que recuerda la situación similar en el palacio de los duques;

y 3) un detalle textual, el chiste con superlativos en –ísimo, que evoca —claramente en mi opinión— un pasaje muy concreto de ese bloque en el palacio de los duques, concretamente del capítulo II, 38 (más adelante en una próxima entrada volveré sobre esta cuestión). Sea como sea, estas dos obras, la comedia de Guillén y el entremés de Ávila en el teatro breve, vienen a iniciar un camino de recreaciones dramáticas del Quijote que resultará muy productivo en esa misma centuria del XVII (baste recordar El curioso impertinente, también de Guillén de Castro; El hidalgo de la Mancha, de Matos Fragoso, Diamante y Juan Vélez de Guevara; La fingida Arcadia, de Tirso; la perdida Don Quijote de la Mancha de Calderón…) y también en las siguientes.

En las próximas entradas me propongo estudiar la comicidad escénica y verbal del entremés, además de apuntar algunos datos acerca de la construcción dramática del personaje de don Quijote. El entremés, obvio es decirlo, incide en la interpretación cómica habitual en el siglo XVII, cuando la novela cervantina es leída mayoritariamente como una obra paródica «provocante a risa»[3] y don Quijote es entendido como una figura ridícula[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Hubo dos emisiones, Madrid y Barcelona: Francisco de Ávila, Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, en El Fénix de España, Lope de Vega Carpio, familiar del Santo Oficio. Octava parte de sus Comedias. Con loas, entremeses y bailes…, Madrid, por la viuda de Alonso Martín, a costa de Miguel de Siles, mercader de libros, 1617; y Barcelona, Sebastián de Cormellas, 1617. Ver Agapita Jurado Santos, Obras teatrales derivadas de las novelas cervantinas (siglo XVII). Para una bibliografía, Kassel, Edition Reichenberger, 2005, pp. 53-57.

[3] Para la relación con el modelo cervantino, ver Gregory Gough La Grone, The Imitations of «Don Quixote» in the Spanish Drama, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1937 (tesis doctoral, Publications of the Series in Romanic Languages and Literatures, 27), pp. 8, 20 y 114; Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, pp. 12-14; Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978, pp. 259-260; y Manuel García Martín, Cervantes y la comedia española en el siglo XVII, Salamanca, Ed. Universidad de Salamanca, 1980, pp. 43-47.

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

«Los cinco libros del consuelo de la Filosofía»: Boecio, Agustín López de Reta y Vicente Rodríguez de Arellano

Tres autores intervinieron, de manera distinta, en la obra que vamos a comentar: Los cinco libros del consuelo de la Filosofía de Anicio Manlio Severino Boecio, traducidos en prosa y verso por don Agustín López de Reta, caballero navarro, natural de la villa de Artajona. Publícalos don Vicente Rodríguez de Arellano, Madrid, por Gómez Fuentenebro y C.ª, 1805. Se hallará en su librería, calle de Carretas[1]. El primero, Boecio, quien en el siglo V escribió, en latín, su tratado De consolatione philosophiae; en segundo lugar, el navarro Agustín López de Reta, que la tradujo al español en el XVII; y, finalmente, el también navarro Vicente Rodríguez de Arellano, que publicó esa traducción, hasta entonces inédita, a comienzos del XIX. Bueno será, por tanto, recordar algunos datos esenciales acerca de estos tres personajes, antes de centrarme —en próximas entradas— en el comentario de la traducción de López de Reta.

Boecio (Ancius Manlius Torquatus Severinus Boetius), nacido en Roma hacia 480 y muerto en 524, fue un filósofo neoplatónico cristiano. Cónsul de su ciudad natal (510), estuvo al servicio del rey ostrogodo Teodorico. Acusado de realizar prácticas mágicas y de concomitancias con los bizantinos, fue encarcelado y ejecutado en Pavía. Su obra principal, De consolatione philosophiae, escrita en la prisión, intenta conciliar el platonismo y el aristotelismo desde una postura cristiana. En ella argumenta que la felicidad sólo se logra a través de la contemplación del Bien y de la práctica de la virtud. Son importantes, además, sus escritos sobre aritmética, geometría, música, y sus traducciones y comentarios a cerca de los tratados lógicos de Aristóteles, los Tópicos de Cicerón y la Isagoge de Porfirio[2].

Boecio

Agustín López de Reta (Artajona, Navarra, 1631-1705), sacerdote, fue miembro de la veintena y procurador en las Cortes de Olite de 1688. Como escritor, tradujo Los cinco libros del consuelo de la Filosofía de Anicio Manlio Severino Boecio y acabó la Vida de Nuestra Señora de Antonio Hurtado de Mendoza, escrita en verso, añadiendo al final tres composiciones líricas propias, según indica el título completo del libro, que es como sigue: Vida de Nuestra Señora. Escribíala don Antonio Hurtado de Mendoza. Continuábala don Agustín López de Reta. Y añade dos romances, a Cristo en el Sacramento y a Cristo en la Cruz. Y una paráfrasis del Padre Nuestro. Dedícala a la muy ilustre señora doña Leonor de Arbizu y Ayanz (Pamplona, por Martín Gregorio de Zabala, 1688). Estos poemas nos hablan de un escritor con gran facilidad versificatoria; por lo demás, profunda erudición y amplio manejo de recursos estilísticos y retóricos son dos de las notas características de las obras de López de Reta, así en prosa como en verso[3].

Vicente Rodríguez de Arellano y del Arco (Cadreita, Navarra, ?-Madrid, 1815) fue un abogado y escritor que se hizo muy popular como autor dramático y poeta. En el ámbito de la lírica, dedicó una silva a la muerte de Carlos III, bajo el título Navarra festiva en la aclamación de su católico monarca el señor D. Carlos IV (Pamplona, Imprenta de Benito Cosculluela, 1789); ese mismo año dio a las prensas, también en Pamplona, Extremos de lealtad y valor heroico navarro; y años después publicó un tomo de Poesías varias (1806). Como dramaturgo, desarrolló una intensa actividad en Madrid entre 1790 y 1806, aunque su mérito literario no sea excesivamente alto. Compuso, tradujo y refundió numerosas obras dramáticas: El atolondrado, El celoso don Lesmes, El domingo o el cochero, El esplín, Jerusalén conquistada por Godofredo de Bullon, La mujer de dos maridos, Las tardes de la Granja, etc. En prosa escribió El Decamerón español o Colección de varios hechos históricos raros y divertidos (1805). Se le debe también una traducción de Estela, novela pastoral de Florian (1797), y cuenta igualmente con varias traducciones de Ducray-Dumenil[4].


[1] Manejo copia del ejemplar existente en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, sign. Yraña 1/4/4.

[2] Para más detalles, remito a Anicio Manlio Boecio, La consolación de la Filosofía, trad. del latín por Pablo Masa, prólogo y notas de Alfonso Castaño Piñán, 5.ª ed., Buenos Aires, Aguilar, 1977; y Boecio, La «Consolaçión natural»: traducción castellana medieval, con glosas, de la «Consolatio philosophiae» de Boecio, ed. crítica con introducción y notas de Pablo A. Cavallero, Buenos Aires, Instituto de Estudios Grecolatinos Francisco Novoa, 1994.

[3] Para el autor, véase Antonio Pérez Goyena, Contribución de Navarra y de sus hijos a la historia de la Sagrada Escritura. Notas históricas y bio-bibliográficas, Pamplona, Imprenta de Jesús García, 1944, pp. 73-75; Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Editorial Gómez, 1970, p. 141; y Fernando Pérez Ollo, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, CAN, 1990, vol. VII, p. 123. Por mi parte, le he dedicado atención en mi libro Navarra. Literatura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2004, p. 100b, y en mi antología Poetas navarros del Siglo de Oro, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003, pp. 181-92.

[4] Pueden verse más datos y bibliografía en Carlos Mata Induráin, Navarra. Literatura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2004, pp. 110a-111a.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (y 4)

Abundan en este poema[1] de Francisco de Quevedo las hipérboles e imágenes grotescas. Podemos recordar aquella, muy gráfica, en la que se indica que a los alemanes las barbas y bigotes les sirven de jergón (vv. 181-184). Hay otras hipérboles como esta:

Gradaso el rey que digo se llamaba,
rey que tiene más cara que un barreño,
y juega, ¡ved qué fuerza tan ignota!,
con peñascos de plomo a la pelota (vv. 93-96).

Se habla de una «sala / que llegó de París hasta Bengala» (vv. 223-224); y de otros bigotes gigantescos:

… cuando, por entre sillas y bufetes,
se vio venir un bosque de bigotes,
tan grandes y tan largos, que se vía
la pelamesa y no quien la traía (vv. 397-400).

Muy intensa es la descripción de los gigantes que acompañan a Angélica:

Levantáronse en pie cuatro montañas
y en cueros vivos cuatro humanos cerros;
no se les ven las fieras guadramañas
que las traen embutidas en cencerros.
En los sobacos crían telarañas;
entre las piernas espadaña y berros;
por ojos en las caras carcabuezos,
y simas tenebrosas por bostezos.

Puédense hacer de cada pantorrilla
nalgas a cuatrocientos pasteleros,
y dar moños de negra rabadilla
a novecientos magros escuderos;
cubren, en vez de vello, la tetilla,
escaramujos, zarzas y tinteros,
y en tiros de maromas embreadas
cuelgan postes de mármol por espadas.

Rascábanse de lobos y de osos
como de piojos los demás humanos,
pues criaban por liendres de vellosos
erizos y lagartos y marranos;
embutiose la sala de colosos,
con un olor a cieno de pantanos,
cuando detrás inmensa luz se vía:
tal al nacer le apunta el bozo al día (vv. 409-432)[2].

Gigante

Y, asimismo, la descripción del caballo Rabicán:

Una endrina parece con guedejas;
tiene por pies y manos volatines,
de barba de letrado las cernejas,
de cola de canónigo las clines,
pico de gorrïón son las orejas,
los relinchos se meten a clarines,
breve de cuello, el ojo alegre y negro,
más revuelto que yerno con su suegro (vv. 681-688)[3].

También resulta muy grotesca la imagen de unos dedos que son manojos de abutagados sapos (II, v. 442).

Hay algún caso de hipérbaton humorístico: «inmensa se embutió caballería» (v. 219), «cuantos anhelan premios de la guerra» (v. 516); empleo del superlativo con fines humorísticos (judísimo, v. 39); expresiones de sabor muy quevediano del tipo rabí con fondo abencerraje (v. 60), fantasma fondos en tintero (v. 437); uso de dos sustantivos, el segundo con función adjetiva: ánima zancarrón, por lo Mahoma (v. 432), un hombre tentación (II, v. 439), miembros ganapanes y guiñapos (II, v. 444); desplazamiento acentual jocoso (v. 871, ciclope por rima con arrope). También sabe sacar provecho nuestro autor de los recursos retóricos, como la anáfora (de ni en II, vv. 353 y ss.) o la acumulación de verbos cuasi-sinónimos, para mostrar gráficamente el combate de Ferragut y Argalía:

Se majan, se machucan, se martillan,
se acriban, y se punzan, y se sajan,
se desmigajan, muelen y acrebillan,
se despizcan, se hunden y se rajan,
se carduzan, se abruman y se trillan,
se hienden, y se parten, y desgajan:
tan cabal y tan justamente obran,
que las mismas heridas que dan cobran (II, vv. 369-376)[4].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] La descripción de los gigantes se completa en II, vv. 241-248.

[3] Compárese con la descripción, seria, del caballo de Astolfo (II, vv. 73-88).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (3)

Luis_Pacheco_de_NarváezExaminaremos ahora la onomástica burlesca y el «lenguaje de la plaza pública» en este poema de Francisco de Quevedo[1]. Tenemos, por ejemplo, que Angélica llama a Grandonio la Chasca (v. 11; la nota de Arellano y Schwartz recoge la interpretación de Alarcos: «El poeta nos dice que la linda Angélica, hablando inconsideradamente y a bulto, aplicaba al rey Grandonio el calificativo de la Chasca. Teniendo presente que chasca significa entre otras cosas ‘ramaje que se coloca sobre la leña para hacer carbón’ y que el bueno de Grandonio era ‘arisco de testuz’, como un toro, se comprenderá el sentido y el porqué de tal apodo»; y añaden que Malfatti recuerda, sin embargo, que Cervantes nombra a una «Juana la Chasca», vendedora de embuchados popular en Madrid, que quizá sea aludida aquí. Por otra parte, el nombre de don Hez (v. 317) es un juego disociativo con el apellido Narvá-ez (con posible alusión a Luis Pacheco de Narváez, el famoso enemigo de Quevedo).

Bajo el epígrafe de «lenguaje de la plaza pública», acuñado por Bajtin, incluyo el empleo de palabras con connotaciones jocosas, vulgares o groseras, las propias de la germanía o las que resultan humorísticas por su fonética, los insultos y apodos… Tenemos, por ejemplo, barrigas (v. 81), murria (v. 92), bahorrina (v. 133), embutir ‘comer’ (v. 276), carda, tarugo (v. 318; carda puede remitir a gente de la carda, en germanía ‘valentones, rufianes’ y tarugo ‘zote, necio’), gurullada (v. 377), guadramañas (v. 411), chamuscar (v. 456) y chicharrando (v. 502) para aludir a la ‘llama amorosa’, zacapella ‘riña’ (v. 583), tabahola, vulgarismo por batahola (v. 593), escurrir la bola (v. 597), modorra (v. 864), engarrafar (v. 905), trancazos (v. 910), rebullirse (v. 930), añusga (II, v. 9), puto (II, v. 22), chisgarabís (II, v. 28), mandinga (II, v. 45), regoldando muertes (II, v. 48), trampantojo (II, v. 62), cogujada (II, v. 91), cholla (II, v. 92), nonada (II, v. 93), bazucada (II, v. 94), garabís (II, v. 95), cocar (II, v. 102), guedeja (II, v. 148), chafarrinada (II, v. 153), burrajear (II, v. 154), gorgojos (II, v. 163), despatarrado (II, v. 171), borrasca (II, v. 228), panza (II, v. 258), mondongo ‘tripas’ (II, v. 260), despachurra (II, v. 265), zurra (II, v. 267), chuchurra (II, v. 269), jeta (II, v. 279), testuz (II, v. 280), chamorrara (II, v. 337), a puro torniscón (II, v. 364), machucar (II, v. 369), carduzar (II, v. 373), zuño (II, v. 400), carantamaula (II, v. 439), enguizgar (II, vv. 443), marimanta (II, v. 448), pringarse (II, v. 453), cochambre (II, v. 454), tirria (II, v. 529), chicota (II, v. 537), berriondo (II, v. 556), atolondra (II, v. 567), testa (II, v. 571), espeluzna (II, v. 616), matalote (II, v. 637), etc.[2]


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.