La «Décima a una flor nacida en un cráneo» de Manuel José de Oteiza

Manuel José de Oteiza y Dongo (Santiago de Chile, 1742-Talca, 1798) profesó en el convento de los agustinos de Santiago a la edad de dieciséis años. Dentro de su orden llegaría a ser maestro de novicios, además de profesor de Filosofía y de Derecho Canónico. Alcanzó asimismo mucha fama como orador sagrado. De la producción literaria de este fraile agustino chileno se nos han conservado algunos sonetos y décimas (se le atribuye, por ejemplo, el soneto «A un Cristo crucificado», que comienza «¡Dios de mi vida! ¡Vos crucificado!»), además del poema titulado Liberto penitente, una glosa de los Salmos de David que quedó sin terminar.

Copiaré hoy aquí su «Décima a una flor nacida en un cráneo», que, al parecer, habría sido improvisada al contemplar tal imagen en un cementerio. El poema constituye un buen ejemplo literario de vanitas, que hemos de situar en la estela temática de otras composiciones similares de la centuria anterior que daban muestra del sentimiento de «desengaño barroco». Este es el texto de la décima, construido en torno a la antítesis belleza de la rosa / fealdad de la muerte y rematado con la aparente paradoja final:

Flor hermosa y delicada
entre fealdad espantosa,
por cuanto tienes de hermosa
has de morir asustada.
¿Dónde irás, firme o cortada,
sin tener infausta suerte?
Cortarte es dolor muy fuerte;
dejarte es muerte crecida;
pues dejarte con la vida
es dejarte con la muerte[1].

Flor creciendo en una calavera


[1] Cito por Ginés Albareda y Francisco Garfias, Antología de la poesía hispanoamericana. Chile, Madrid, Biblioteca Nueva, 1961, p. 101. En las pp. 18-19 de su estudio introductorio recogen los escasos datos biográficos del autor de que disponemos.

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El tema del desengaño en el Barroco

Puede afirmarse sin temor a equivocarse que los grandes temas abordados por la literatura son, en realidad, muy pocos en número, y que esos temas responden a las grandes preguntas que se ha hecho el hombre, a lo largo de todos los tiempos, acerca del amor y la amistad, la vida y la muerte, la religiosidad y el deseo de trascendencia… Tales son, en efecto, los grandes temas de la literatura universal. Por supuesto, alrededor de esos temas mayores existen constelaciones de sub-temas, cada uno de ellos con una amplia gama de motivos asociados; pero, en cualquier caso, los grandes núcleos temáticos de la literatura responden a esas inquietudes del hombre (lo que Antonio Machado llamó «los universales del sentimiento») y a esos enigmas de la vida humana.

En el caso de la época barroca, uno de los temas literarios más importante es el del desengaño. En un sentido amplio cabe afirmar que Barroco y desengaño son, de alguna manera, palabras sinónimas. En efecto, dentro del amplio campo de la literatura barroca, concretamente en el terreno de la literatura de tono moral o de contenido religioso, uno de los más podemos núcleos temáticos que podemos distinguir es el del desengaño. En efecto, el desengaño forma parte de la visión del mundo en el Barroco, que en buena medida se percibe como crisis y pesimismo. Existe un sentimiento de amenaza e inestabilidad, una sensación generalizada de crisis (que se muestra en muchos aspectos de la vida, y con múltiples raíces: políticas, militares, religiosas y, a veces, personales), lo que lleva en algunos autores barrocos al rechazo del mundo, a la renuncia de todo lo mundano (es el caso de la solución ascética): junto al desengaño, estos escritores cantarán la vanidad de la vida, la fugacidad de todo lo terreno, aparecerá el escepticismo; plantearán en sus obras el conflicto entre la realidad y la apariencia (la vida es sueño, los sentidos son engañosos, toda la belleza es caduca, etc.).El sueño del caballero, de Antonio de Pereda